15.

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Después de que el Rey Sebastián se durmió luego de haberle colocado la inyección, ambas chicas caminaban por el pasillo de vuelta al salón donde se encontraba la Reina Krista y el Rey Arthur.

Pasos apresurados detrás de ellas las pusieron alerta. Luke corría con una sonrisa en su rostro y se detuvo frente a las chicas.

—Lauren.- le abrazó amistosamente antes de asegurarse que no hubiera nadie que pudiera castigarlo —Es bueno verte bien, de nuevo.

—También es bueno verte, Luke. Lamento haberte metido en problemas anteriormente.- el chico le restó importancia y cuando sus ojos se encontraron con los de Sabrina, su sonrisa se hizo más grande.

—Señorita Sabrina, la he estado buscando para decirle que el barco del Rey Arthur está listo para partir. También, en unos minutos llegará un encargo al muelle. Nuestro grupo está listo para recibirlo.

—Muy bien, daré aviso a la Reina. Puedes retirarte.

Luke volvió a sonreír y con una inclinación para ambas, se fue tal cual como vino. Lauren vio como su amigo se perdía al final del pasillo. Cuando se percató de los ojos de Sabrina sobre ella, se incomodó.

—¿Pasa algo?

—¿Tu y Luke..?

—Sólo somos amigos. No hay más.- el movimiento de su pecho le hizo ver que la rubia estaba conteniendo el aire.

—Más les vale. Nuestros genes no pueden mezclarse.

Lauren asintió ante las palabras frías de Sabrina, pero algo le decía, que detrás de aquella firmeza, existía otro motivo por el cual no debía mezclarse con Luke.

Al llegar al salón, su padre se estaba despidiendo de la Reina Krista. Ella hizo lo propio y estrechó su mano cordialmente. La mayor expresó su gratitud e invitó a ambos a visitar su Imperio las veces que quisieran. Luego le indicó a unos guardias que los acompañaran hasta el muelle, el cual estaba en mucho movimiento. Un grupo grande de trabajadores estaban formados esperando el barco que se aproximaba.

Observó a los lejos a Luke y a Sabrina. Agitó su mano en despedida. Él joven le respondió enérgicamente, mientras que Sabrina fruncía el ceño ante los gestos poco apropiados, pero al final, dio una media sonrisa a la hija del Rey Arthur.

Ella y su padre abordaron. El barco de descarga se acercaba cada vez más. El dibujo de un sol resplandeciente sobresalía en uno de sus costados. El barco pasó muy cerca del suyo, tanto así, que Lauren observó a las personas en la cubierta. La princesa Sofía tenía una postura firme; a su lado, estaban los mellizos Harry y Camila. El corazón de Lauren dio un vuelco cuando vio a esta última; y como si fuese obra del destino, la hija del Rey Alejandro volteó hacia ella pues sentía una sensación de alerta alrededor de ella.

Ahí estaba. Lauren Jauregui, la razón de sus pesadillas.

Sus ojos chocaron entre sí con furia. Lauren podía escuchar sus propios latidos en su pecho. Una incontrolable desesperación por liberar algún sentimiento la invadió. Entonces, su barco empezó a sacudirse con brusquedad. Sólo así, pudo percatarse de las enormes olas que se formaron alrededor de ellos. Todos se balancearon de un lado a otro buscando algún punto de apoyo.

—¡Lauren!

El grito de su padre le hizo voltear hacia él. Su mirada era de enojo y parecía estar diciéndole algo con el pensamiento. Entonces, se dio cuenta que ella era la única que no se movía a causa del balance brusco del barco. Era ella quien estaba provocando las olas.

Inmediatamente se detuvo.

El mar rápidamente dejó de ponerse violento, sin embargo, no pudo evitar el pequeño desastre que se formó en el muelle. Las olas habían alcanzado a los trabajadores, mojándolos a todos.

—¡Lo siento mucho!- se disculpó apenada ante las miradas asesinas de la tripulación.

Su padre se acercó a ella y aunque estaba furioso, le tocó la frente con delicadeza.

—¿Estás enferma, hija? No encuentro razón para que hayas hecho eso ¿estás bien? No tienes temperatura.

—Estoy bien papá. Yo sólo... No sé qué me pasó. Sólo vi a Camila y enloquecí. Sentí mucha rabia.

—¿A Camila? ¿la hija de Alejandro?- Lauren asintió -¿Pero de qué estás hablando, Lauren? ¿dónde viste a Camila?- Arthur hizo una escaneada rápida a la tripulación de su barco pensando que la joven intrusa se coló allí.

—En el barco de allá, papá. Es del Imperio del Sol ese barco.

Arthur echó una mirada al barco que ya había llegado hasta el muelle y luego miró de nuevo a su hija. Confundido.

—¿Cómo pudiste ver a quienes iban en ese barco? Están muy lejos, Lauren.

Lauren frunció el ceño mirando los ojos grises de su padre buscando alguna explicación dentro de si ¿Él no le creía?

—La he visto, papá. Iba con sus hermanos, la princesa Sofía y Harry.

El Rey Arthur sonrió con pena y la abrazó.

—Hija mía, seguramente lo has imaginado. Entiendo que aún debes tener secuelas del incidente en el Imperio del Sol, de ahí vino tu descontrol de furia. Pero ya está todo bien. Volvamos a casa.

Lauren no discutió de nuevo. No había manera de que su padre creyera en sus palabras. Aunque sinceramente, ella tampoco se las creía.

Se abrazó más al cuerpo de su padre y cerró los ojos confiando en él, porque tal vez él tenía razón y todo fue producto de su imaginación.

El Espacio Entre Nosotras (Camren)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora