Transcurrieron alrededor de unos tres días más de tempestad, donde los vientos lastimosamente fueron más fuertes que la resistencia construida por los lugareños de la aldea, no obstante, no todo estaba perdido. La confianza de los habitantes se encontraba en elevación, asegurando volver a levantar sus viviendas y dejarlas como nuevas para seguir con la cotidianidad y la armonía de su entorno.
Ambas jóvenes, Lauren y Camila, deseaban quedarse un poco más en aquel lugar que ya consideraban como una segunda familia debido al gran recibimiento que les otorgaron al llegar. Sin esas personas, probablemente nunca hubieran sobrevivido. Sin embargo, ellas no podían tomar aquel viaje como unas vacaciones. Ellas tenían una misión que cumplir y un plan que seguir, así que, una vez pasada la tormenta, Bryson se ofreció a trasladarlas a las puertas del Castillo del Imperio de Hielo, donde esperaban tener una igualmente grata bienvenida.
Se despidieron amablemente de Allyson, haciendo la promesa de volver a verse en un futuro no muy lejano.
Lauren y Camila subieron a un carruaje de madera y hojas de palmeras lo suficientemente resistente como para soportar su peso. Construido y liderado por el hermano de Allyson; Bryson, quien iba a guiarlas por el camino correcto siendo ayudado por una docena de lobos bien atados. No muchas veces se usaba aquel tipo de transporte, pero los habitantes lo tenían en caso de emergencia.
Se abastecieron de bastante comida para el camino, el cual Bryson calculó serían unos dos días sin parar y depende de cómo estaría el clima. Por si las dudas, Camila llevó muchas capas que le pudieran cubrir el frío.
Y así se llevó a cabo el viaje que daría un paso más en aquella aventura de dos almas opuestas sin relación aparente, pero con la misma intensidad de pasión distribuida en sus venas.
***
Camila supo que habían llegado a su destino pues su cuerpo se lo dijo antes de tan siquiera descubrirlo. A pesar de estar cubierta, el frío volvió a reírse de ella.
Al detenerse y bajar, Lauren casi se cae al tocar el suelo debido a la ausencia de movimiento en sus piernas. Camila por su parte sólo se aferró a las mantas. No se sentía bien. Jamás en su vida se había sentido tan débil como en esos últimos días. Si tan sólo se hubiese quedado en su casa, Harry estaría vivo y ella no estaría la mayoría del tiempo vulnerable por los cambios climáticos y la sola presencia de Lauren Jauregui.
Por detrás de ellas se escuchó el galope de algún animal junto con el choque de metales que parecían ser de alguna armadura.
Rápidamente Bryson tomó las manos de ambas jóvenes y con violencia las arrastró tras una pared de un abasto. El sonido constante eran las topadas de las patas de los renos al chocar contra el suelo; los animales llevaban sobre su lomo una cantidad generosa de guardias uniformados con armaduras de hierro.
El joven castaño usó la parte interna de sus manos para obstruir el paso de cualquier habladuría de ambas féminas. Si eran descubiertos por los guardias reales, iban a estar en serios problemas.
—Deben cubrirse.
Bryson supervisó la cobertura de sus cuerpos. Como una especie de disfraz, ambas parecían un par de mendigas merodeadoras de comida u objetos de valor. Él les advirtió caminar con cuidado y no acercarse a los pequeños abastos del pueblo pues los habitantes pensarían que su mercancía podía ser robada. Así que, con un par de indicaciones, el joven se despidió de ellas, alejándose con el recuerdo de que había encontrado unas buenas amigas.
Ahora, quedando a su suerte, ambas jóvenes decidieron seguir la ruta pactada por Bryson bajo mucha discreción ya que, a pesar de que ambas pertenecían a la familia real de sus respectivos Imperios, ninguna de las dos había recorrido el centro, aquella zona que parecía albergar la mayor parte de los habitantes del territorio.
Caminaron entre la multitud de personas, mezclándose entre la muchedumbre. Observando con curiosidad la cultura de aquellos seres tan diferentes a sus nativos parientes. Había una gran diferencia entre el Imperio del Hielo y sus antiguos hogares. La elegancia y armonía iban tomadas de la mano en las palabras y acciones de los lugareños nórdicos. Muy diferente al aura extremadamente familiar del Imperio de la Lluvia y la pobreza del Imperio del Sol. A pesar de ser un lugar helado, se veía la calidez del entorno; sin embargo, ambas sabían que tanta perfección debía ser un manto para encubrir algo arcano.
No tardaron en ser acribilladas por un sinfín de ojos curiosos, pero de igual manera lograron salir de la ola masiva de gente para darse paso a un sendero pacífico que gracias a Bryson, sabían que estaban por el camino correcto, pero a medida que avanzaban, Lauren notó el desacelero de su compañera. Camila apenas pudo alcanzar a dar otro paso cuando su cuerpo se desplomó en el frío suelo, con sus extremidades moviéndose violentamente. Al acercarse, la ojiverde oyó sus dientes chocar entre sí.
—Vamos, Camila. Ya casi llegamos, sólo un poco más.- la animó.
—No... No puedo...- susurró. Se abrazó la piernas aún estando en el suelo, volviendo su cuerpo una pequeña bola.
Lauren se arrodilló y le descubrió el rostro quitando la capucha de la capa, notando así un tono azulado en los labios de la castaña. Jamás había visto a la morena en tal estado. No supo más nada que hacer además de quitarse todo lo que la cubría sin importar las miradas fisgonas de la gente a su alrededor que incluso se acercaron a ver el suceso.
Con cuidado, la ojiverde colocó su capa sobre el cuerpo de Camila y la trajo consigo en un abrazo con la esperanza de hacerla entrar en calor; asustándose por el estado de la castaña. Camila estaba como un témpano de hielo.
—Por favor, necesito que estés bien...
Lauren empezó a moverse en un leve balanceo, pero nada hacía que Camila dejara de temblar.
—¿Quienes son?
—No parecen de por aquí.
—¿Necesitarán ayuda?
La pelinegra se tensó al oír los susurros de los habitantes que al parecer formaron un círculo alrededor de ellas. Oyó como unos pasos se acercaron. Una anciana mujer se detuvo frente a ellas para ofrecer ayuda, pero cuando Lauren levantó el rostro, dejando ver sus feroces ojos verdes, la anciana se alejó rápidamente alarmada.
—¡Intrusas!- gritó la mujer señalándolas con el dedo. Haciendo que el resto suspirara de la impresión.
Poco a poco empezaron los gritos a los guardias para hacerlas salir de su territorio. Los murmullos iban y venían en los oídos de Lauren ¿Quiénes eran? ¿por qué estaban ahí? ¿acaso serían espías del Rey Alejandro?
Aquella última pregunta puso en alerta a la ojiverde, pero dejaría la incógnita para después. Lo importante era salir del ojo público.
—Camila, tenemos que irnos.- pero la morena se encontraba en un estado de congelamiento en donde ni siquiera podía oír bien las palabras de Lauren.
Sin saber muy bien qué hacer, la ojiverde respiró hondo y con todas sus fuerzas logró levantar en brazos a una inconsciente Camila antes de que las autoridades llegaran. Si tenía que pelear contra los habitantes, lo haría para que las dejasen en paz; pero sus planes se vinieron abajo cuando observó con decepción un gran grupo de guardias rodeándolas.
—¡No te muevas!- le gritó uno.
Lauren observó su entorno buscando algún hueco por donde correr y escapar, pero no tenía salida. Estaba acorralada.
—¡No se acerquen!- les gritó ella de vuelta. Estaba enojada. No habían llegado tan lejos como para ser atrapadas ahora. Tenía que idear un plan de alguna manera.
Antes de tan siquiera dar un paso, de entre los cuerpos fornidos de los guardias salió una mujer de cabellos amarillos y ojos azules. Miró a Lauren con supremacía y con una voz que la ojiverde conocía muy bien, ordenó:
—Llévensela.
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El Espacio Entre Nosotras (Camren)
Fanfiction"Soy la luz que invade el espacio de la Luna" (Universo alternativo) Aunque te sientas perdido en la oscuridad, siempre hay una luz rodeando tu alma para dejarte claro el camino por el cual vas caminando a pesar de que creas estar ciego de sensacion...
