El alma salió de mi cuerpo al escuchar esas palabras salir de su boca... "un hermano muerto".
—No –negué.— Eros no... ¿qué le hiciste, hijo de puta? –comencé a golpearlo.
—Lo siento, ¿toqué un nervio? –preguntó con falsa inocencia.
—¿Qué le pasó a mi hermano? –me tragué las ganas de llorar.
—No importa qué pasó, lo único que importa es que es tu culpa y que de no ser por ti y tu huida a mitad de la noche, él estaría a salvo –se acercó a mi.— puedo ser muy bueno, aunque no lo creas, Perséfone, pero no te metas conmigo porque lo vas a lamentar –hizo una pausa.— creí que al fin llevaríamos la fiesta en paz, pero tú te has ensañado en hacerlo imposible, ¿quieres pelear? Bien, peleemos –me empujó.— si me ganas, te largas de aquí, pero ten en cuenta que te encontraré y tu castigo será mil veces peor que el anterior, y si yo gano matarás a Gabriel –mis manos temblaron.
—No es justo, en ambas yo salgo perdiendo, además Gabriel...
—No puedes venir a decir que lo amas después de que te estuviste revolcando conmigo –agarré todas mis fuerzas y le di una cachetada, la satisfacción se apoderó de mi cuerpo cuando vi la sangre salir de su labio.— no hay mentira en lo que digo, ¿o sí? –apreté los puños.
Recordé las palabras de Layla, aparentemente los padres de Hades no lo quisieron y prefirieron a sus hermanos mas que a él.
—Al menos a mi mis padres sí me quisieron –murmuré sabiendo que escucharía perfectamente.— debe ser duro ver como quienes te dieron la vida te hacen a un lado mientras le dan todo a tus hermanos –él sonrió, pero aquella sonrisa no era buena, era la sonrisa que asustaría a cualquiera hasta hacerse en los pantalones.
—Vayamos visitar a Gabriel, ¿te parece un reencuentro con tu gran amor?
Antes de que pudiera decir algo Hades me hechizó haciendo que todo se volviera oscuro.
(...)
Desperté atada de manos y pies en el asiento copiloto de un auto, Hades iba conduciendo.
—¿Qué demonios planeas? –solté de golpe.
—Buenos días a ti también, cariño, ¿tuviste un buen sueño? –el sarcasmo goteaba en sus palabras.— pórtate bien si no quieres que tu novio pague las consecuencias de tus actos –apreté los labios.
No sabía de qué era capaz si Hades le llegara hacer algo a Gabriel, pero no sería nada bueno. Recordé sus palabras mencionando que algo en común entre nosotros era tener un hermano muerto, con miedo a su respuesta pregunté.
—¿Mi hermano?
—Si está muerto no es por causa mía.
—No, ya dejaste en claro que sería culpa mía –ladeó su sonrisa.— pero... ¿lo está? Él y yo tenemos una conexión muy fuerte, creo que sabría si algo como eso le llegara a pasar... sin embargo, ¿él está bien? –me miró unos segundos.
—Bien no está, pero está vivo –suspiré tranquila.
—¿Cómo es que sabes dónde está, pero no haces nada para ayudar?
—¿Tengo cara de trabajador social? Tus problemas no son asunto mío –apreté los labios.
—Ayudarme en eso habría sido mejor regalo que un estúpido anillo –comenté.
Chasqueó sus dedos e inmediatamente las cuerdas en mis manos y pies se apretaron más haciéndome morder la lengua.
Para distraerme, me fijé en mi ropa, consistía de un pantalón jean, una camiseta y unas sandalias. Me sentía extraña vistiendo ropa normal después de tanto tiempo usando ropa de hace dos siglos.
Me fijé en Hades, él sí que me sorprendió vistiendo ropa normal... precia un hombre común y corriente, muy guapo y... fuerte, sus brazos se veían apretados dentro de la camisa azul marino que traía puesto. Si no estuviera molesta con él me lo follaría ahora mismo.
"¡Joder, Perséfone, deja de pensar en sexo!" Me gritó Azula.
"Pues perdón por tener un insaciable apetito sexual." Le dije devuelta.
Ella tenía razón, debía pensar con claridad y no dejarme seducir por aquellos brazotes.
Hades se parqueó cerca de la casa de Gabriel, teníamos una muy buena vista de ese lugar. Sin embargo, quería irme, mi mayor temor era que Gabriel apareciera y Hades le hiciera daño.
—¿No es ese tu novio? –señaló en frente.— ¿y esa es su novia? –preguntó con falso asombro.— oh no, esa no puede ser su novia porque su novia eres tú –me señaló y levantó las cejas.— ¡te está engañando!
Molesta, miré hacia la casa. Gabriel iba caminando muy animado junto a una chica. ¡Y no era cualquier chica, era su ex! Recordé su apariencia gracias a las fotos que había visto de ella en su Instagram, ¿qué estaba haciendo Gabriel con ella? ¡Ella lo engañó con su mejor amigo! ¿Cómo puede estar tan feliz y alegre con ella?
Perdí su vista en cuanto entraron a la casa, ¡¿por qué la lleva a su casa?!
Giré el rostro encontrándome con Hades quien tenía la cara llena de satisfacción y gozo, hijo de puta.
—Te voy a matar –dije entre dientes.
—¿Por qué si yo no fui quien te puso los cuernos? –fingió inocencia.
Me percaté de que las sogas que me ataban habían desaparecido, bien, encararía a Gabriel, pero antes...
—¿Por qué haces esto? Algo debes tener guardado.
—¿Por qué tu atención se centra en mi cuando acabas de ver a tu novio con otra? –se cruzó de brazos.— ¿no será que te estás obsesionando conmigo? –bufé.
Salí del auto dando un portazo, sorprendiéndome y y alegrándome al ver que Hades no me seguía. Vale, le reclamaré a Gabriel sin aquella sombra de muerte detrás mío, al menos el humano estará seguro por esa parte, aunque por la otra...
Toqué la puerta esperando que Gabriel me diera la bienvenida, en su lugar, lo hizo su ex, Tatiana.
—¿Qué se te ofrece? –preguntó.
—¿Está Gabriel? –pregunté tranquila, quizá ella no sabía nada de mi existencia y era inocente a lo que sucedía entre Gabriel y yo.
—No –hija de puta, ¿cómo no va a estar si yo lo vi entrar con ella?
—Sí, sí está y quiero hablar con él, búscalo –ordené. Me miró de arriba a abajo.
—¿Perséfone? –lanzó una risa sin gracia.— vaya, Gabriel si que cayó bajo después de estar conmigo.
Justo cuando le iba a decir sus verdades salió de la casa como si estuviera buscando algo.
—¿Abuela? –le escuché decir. Miró a su alrededor con ímpetu.— no fue mi culpa faltar a tu funeral –sollozó.
¿Estaba hablando con su abuela muerta? Miré hacia el auto de Hades, no pude evitar sonreír, aquello era acción suya. Vaya que meterse con la difunta abuela de alguien, eso era un golpe bajo.
—¿Tati? –la voz de Gabriel hizo que todas mis barreras se desplomarán, Dios, lo había extrañado tanto.— ¿Pétalo? –jadeó al verme.
—Hola Crisantemo.
ESTÁS LEYENDO
Granate
FantasiIntentaron ocultarla, pero él ya sabe dónde está su doncella. Y no se detendrá hasta tenerla en sus garras. Su unión será como una granada, destrozando a todo aquel que esté a su alrededor, destrozando sus corazones, destrozándose a ellos mismos. La...
