Capítulo 73

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Una de las muchas ventajas de ser inmortal, es que la plata que tenía sobre mi, no bloqueaba mis sentidos de licántropo, por lo que al agudizar mi oído, pude escuchar lo que los demás decían ahí afuera. Nada que me interesara, solo expresaban su odio hacia mi gente una y otra vez, debatiendo sobre cuales serían los mejores métodos para deshacerse de nosotros.

Hasta que una voz conocida captó mi atención. Se trataba de Gabriel y por lo que escuchaba, estaban discutiendo sobre lo próximo que me harían.

Su padre mencionaba que por más que trataron, aún no lograban localizar a mi familia, por lo que la mejor opción sería torturarme hasta sacarme la información que necesitaban.

Eso me tranquilizó, por lo visto, las palabras de Gabriel eran mentira y por lo pronto mi familia se encontraba a salvo.

Me tomó por sorpresa escuchar como Gabriel argumentaba que torturarme no serviría de nada ya que yo no revelaría el paradero de mi familia. Sus alegaciones me dieron a entender que estaba tratando de protegerme.

De alguna manera, sus argumentos sonaron tan convincentes que su padre dio el brazo a torcer.

Supuse que su "buen acto" de salvarme de las torturas se debió a sus sentimientos hacia mi. Gabriel no era una buena persona, solo estaba enamorado después de todos.

Sin embargo...

A mi mente vinieron los recuerdos de cuando tuvo cautivo a Eros. Mi hermano lo defendió a capa y espada diciendo que entré todos los cazadores, Gabriel fue el único que lo trató "bien" y que inclusive le llevaba comida a escondidas y lo defendía de los demás.

Me costaba mucho creer en las palabras de Eros después de todo lo que sucedió. El rencor en mi corazón no me dejaba ver más allá de las malas acciones que cometió Gabriel en contra de mi familia.

Si yo no me hubiera atravesado entre mi padre y la bala, ahora mi padre estaría muerto.

Por culpa de Gabriel.

Como si se tratara de plástico, rompí las cadenas que ataban mis extremidades a la silla. La plata me quemaba, pero no era nada que no pudiera resistir. Al ver mis muñecas en carne viva, descubrí que esos cabrones me habían cortado justamente donde me ataron con las cadenas. Seguramente se sorprendieron al ver que aquel material me causaba el daño más mínimo y en respuesta a esto, trataron de incrementar mis lesiones.

Mis alarmas se encendieron. Si descubrieron que la plata ya no era un peligro para mi, era probable que ya supieran que yo era inmortal. Aunque, Gabriel lucía bastante desconcertado al verme viva después de recibir una bala de plata directo al corazón.

Arrugué el gesto cuando mi las runas que tanto odiaba, tatuadas en mi piel. Eso significaba que mi magia estaba bloqueada, malditos.

Las runas bloqueaban mi magia, más no mi gen licántropo, por lo cual podía transformarme y causar más daño, sin embargo, no era lo más conveniente en este momento.

Mis heridas se curaban con lentitud, aquellos símbolos bloqueaban mi sanación, decidí no esperar más tiempo y me puse de pie. Apretando los dientes y soportando el dolor, caminé con sigilo hasta donde vi por última vez a Cerbero y Perseo. Nada. Estaba vacío, me pregunté cómo cojones desaparecieron, más no me preocupé. Si no estaban aquí, era porque tenían asuntos más importantes en otro lugar.

Sí, un perro y un gato tenían asuntos importantes. Teniendo en cuenta mi situación, aquella oración no sonaba para nada descabellada.

Mi atención se vió captada por una luz reflejada en el suelo, levanté un pedazo de madera intentando no hacer ruido y me encontré con un agujero que daba al exterior.

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