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1:30 am. Luna llena.

«Me haces falta...» Soltó un aullido por ella, le irritaba no poder clavar los colmillos en ese delicioso cuello, no podría estar tranquilo hasta conseguirlo, pero debía ser paciente y esperarla, soltó otro aullido, otro gruñido y ya estaba arrojándose contra la puerta queriendo derribarla, debía desquitarse con algo, debía matar. Retrocedió unos pasos y tomando impulso corrió hacia la puerta embistiendo con fuerza, las vigas se partieron y la puerta cayó, era libre. Corrió a toda prisa por el bosque en su forma animal, tenía que matar algo y rápido, sus instintos lo habían cegado.

Los ninjas se dividieron en tres grupos abarcando mejor el bosque, rastreando su paso, Kenzo los había instruido bastante bien para darle captura. Un grupo le dio alcance cerrandole el paso a ese licántropo, el cual gruñó molesto al verlos, el siguiente grupo llegó por detrás y le lanzaron encima varias cuerdas para que el último grupo las sujetara de los extremos y tirarán de ellas.

—¡Hiro, conmigo!

El mencionado se reunió con Kenzo y ambos se treparon sobre el licántropo que empezaba a ponerse de pie, era fuerte y medía al menos tres metros de alto, el resto de los ninjas se fueron a ayudar a los otros a sujetar las cuerdas, pero el licántropo fue más rápido y logró soltarse a tiempo, Kenzo y Hiro se aferraron al licántropo para evitar caer debido a las fuertes sacudidas, Seiji dio señales a varios ninjas para que se reunieran con él delante del licántropo e hicieron estallar bombas de polvo irritante para dejarlo aturdido sin embargo solo lograron que se enfureciera aún más. El licántropo gruñó y llevó sus garras a su espalda sujetando a los que estaban sobre él arrojándolos varios metros adelante, soltó un fuerte rugido y de un zarpazo golpeó a los ninjas que habían lanzado las bombas de polvo, y sin nadie que le estorbara volvió a correr. Los ninjas se separaron en dos grupos reiniciando la captura.

—¡No lo dejen llegar a la aldea! — gritó Kenzo.

Un grupo le dio alcance y le arrojaron varios shurinken y bombas de polvo irritante para hacerlo retroceder y que se desviará del camino adentrandolo más en el bosque. El siguiente grupo lo alcanzó más adelante y con cuerdas listas fueron contra él esquivando las poderosas garras y logrando enredar las cuerdas en sus extremidades, el resto de los ninjas empezó a llegar.

—¡Rápido! ¡Sujétenlo con fuerza! — ordenó Hiro.

Los ninjas tiraron de las cuerdas con toda la fuerza que tenían consiguiendo derribar al licántropo, Seiji corrió y se montó sobre él para atarle una cuerda al cuello.

—¡Manténganlo ahí! ¡Rápido, Hiro! — volvió a ordenar Kenzo.

Hiro obedeció y se reunió con Seiji para ayudarlo a abrir las fauces del licántropo que no dejaba de gruñir y forcejear para liberarse. Las fauces cedieron después de varios segundos, fue ahí cuando Kenzo aprovechó para introducir unas pildoras, pero antes de que pudiera atar la cuerda alrededor del hocico, el licántropo consiguió soltar uno de sus brazos y enterró las garras en la tierra.

—¡Maldición! — gritó uno de los ninjas.

—¡Va a levantarse! — gritó otro.

Los ninjas resistieron, pero el licántropo había conseguido apoyarse sobre su brazo libre, escupió las pildoras fuera de su boca, Kenzo retrocedió y vio como el licántropo con una fuerza increíble se puso de pie reventando las ataduras y mandando por los aires a los ninjas, Hiro cayó, la temible bestia llevó su garra a su espalda y alcanzó a sujetar a Seiji poniéndolo frente a él.

—¡Mierda! — gritó al ver como se abrían esas fauces — ¡Va a matarme!

Dos de los ninjas lanzaron bombas de polvo irritante directo en la cara del licántropo que debido al aturdimiento provocado por la explosión soltó a Seiji que alcanzó a caer correctamente. Kenzo apretó los puños, debía recurrir a su último recurso aunque no le gustará la idea.

—¡Las cadenas! ¡Rápido!

—¡Eso va a quemarlo! — dijo Hiro.

—¡Si no lo hacemos moriremos todos!

A Hiro tampoco le parecía la idea de usar las cadenas, estaban hechas de plata y eso dañaría gravemente a su señor que ahora estaba convertido en esa bestia, pero Kenzo tenía razón, era cuestión de minutos para que terminaran todos muertos y no sólo ellos si no también los habitantes de la aldea. De manera bien organizada las cadenas fueron lanzadas contra el licántropo que rugía de ira mientras el metal quemaba su piel y lo hacían sentir vulnerable.

Un profundo dolor lo invadió, ese metal lo estaba quemando y comenzaba a sentirse mareado, pero su furia era más grande y alcanzó a liberarse, lanzó un fuerte manotazo contra cuatro de los ninjas y embistió a otros seis. De nuevo la plata quemaba su piel, estaba siendo sometido por esos ninjas que apretaban esas cadenas cada vez más provocándole llagas y lo mandaban contra el suelo. Le faltaba la respiración, estaba mareado, se le nublaba la vista y una sensación de temor comenzaba a invadirlo y fue obligado a tragar aquello que lo dejaba inhabilitado, empezó a sentirse débil, la furia que sentía se estaba dispersando y comenzó a tener mucho sueño, pero la imagen de aquella azabache con aroma a flores de loto vino a su mente y un fuerte deseo por verla lo invadió. Haciendo uso de lo que le quedaba de fuerza se soltó y golpeó a los ninjas lo suficiente para dejarlos fuera de su camino, y corrió de manera torpe hasta donde ella estaba.

La sangre de sus heridas humedecia su espeso pelaje negro, el ardor de esas quemaduras le causaban demasiado dolor con cada paso que daba, no podía ver con claridad a donde iba, pero confiaba en su olfato, jadeaba cansado, le dolía la cabeza y el sueño se hacía cada vez más presente. Se detuvo delante de donde se encontraba aquella ventana, con un último esfuerzo trepó hasta allí, pero estaba cerrada, se sentía desfallecer, pasó sus garras débilmente por el cristal de manera insistente. Una tenue luz vino del interior y una sombra se aproximaba.

Bajos instintos (Tobecca)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora