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Sabía que estaba ahí por ese aroma delicioso, pero aún así se sorprendió de verla sentada en una de las mesas junto a sus ninjas que estaban haciendo bromas para hacerla reír, su risa era adorable, sacudió la cabeza y se cruzó de brazos mirándolos fijamente.

—¡¿Por qué carajos no están entrenando?! — usando ese tono autoritario y frío.

Los ninjas se miraron entre si tratando de encontrar una excusa, Tobe rodó los ojos y se llevó una mano a la frente.

—Idiotas... ¡Largo de aquí!

Rápidamente todos obedecieron, Pucca no pudo evitar soltar una risita divertida por la escena llamando su atención, bajó las escaleras y se paró frente a ella.

—¿Qué te trae por aquí, pequeña?

—Hola — se puso de pie — Vine a preguntarte algo.

Llevó las manos a la espalda y la miró con atención para que siguiera hablando.

—Me preguntaba si... ¿Te gustaría ir conmigo a la feria mañana en la noche?

—¿Y eso? — alzó una ceja curioso — ¿Qué hay de tus tíos?

—Tómalo como una manera de empezar bien, fui mala contigo en el pasado y quiero remediarlo. En cuanto a mis tíos, no te preocupes, ya me dieron permiso.

El ninja se acercó un poco más y le puso la mano sobre la cabeza.

—Acepto tus disculpas, pequeña y por supuesto que iré a la feria contigo.

La azabache no pudo evitar sonreír y abrazarlo, dos ninjas entraron en ese preciso momento, se miraron entre ellos y tan rápido como entraron volvieron a salir pues temían a la ira de su amo que los miraba de reojo, la dulce voz de la azabache volvió a llamar su atención.

—También ya me disculpé con ellos, son buenos chicos.

Le dio unas palmaditas en la cabeza y se alejó de ella, Pucca sintió un nudo en la garganta, no pudo más y tuvo que hablar de eso que tanto la estaba molestando, ya no podía seguir con la intriga.

—Esa vez en mi habitación me dijiste que no eras afectuoso, pero... ¿Por qué estabas abrazando a esa chica el otro día en el restaurante? — le miró a los ojos — También vi cuando abrazabas a Chief ¿Por qué a ellas si las abrazas?

Se puso serio, no le gustaba hablar de sus asuntos así que prefirió evadir el tema dándole la espalda.

—Ve a casa, seguro tienes cosas que hacer.

—Por favor, respóndeme.

—Mañana pasó por ti — un poco molesto.

Quiso insistir, pero él se alejaba para salir a la parte de atrás de la guarida, le siguió y rápidamente lo sujetó del brazo, pero él ni siquiera volteó a verla.

—¡Seiji! — llamó autoritario.

Un ninja se acercó corriendo e hizo una reverencia.

—Acompañala a su casa.

—A la orden, amo — se dirigió a Pucca — Vamos, señorita.

La bella azabache lo ignoró y volvió a jalar del brazo del ninja de la cicatriz.

—Espera, Tobe.

Su cuerpo se puso tenso frunciendo más el ceño, el ninja al ver la reacción de su amo pudo saber que estaba molesto así que rápidamente tomó a Pucca de la mano y se la llevó de ahí.

Una vez que estuvieron algo retirados la soltó y caminó a su lado, volteó a verla y la notó cabizbaja.

—Señorita... nunca se meta en las cosas personales del amo, eso lo pone de mal humor.

Volteó a mirarlo.

—Quizá tú puedas responderme.

—Eso depende.

—¿Por qué estaba con esa chica en el restaurante? ¿Están saliendo?

—Lo siento, no puedo responder eso.

Bajó un poco más la mirada algo decepcionada, pero siguió hablando.

—Cuando me ayudaron... lo vi abrazando a Chief ¿Por qué estaban así? Cuando yo lo hago simplemente me rechaza.

—Umm... Eso sí lo puedo responder — sonrió de lado bajo su máscara — Lo que usted vio no fue más que un abrazo de un hermano mayor a su hermanita.

El semblante de la azabache cambió un poco y le dedicó una pequeña sonrisa al ninja.

—Tu nombre es Seiji, ¿cierto?

—Así es señorita, soy el cuarto al mando y fui yo el que le llevó el desayuno esa vez.

Pucca de inmediato se sonrojó de vergüenza y lo sujetó del cuello de su playera lista para soltarle uno de esos puños demoledores, el ninja por instinto cruzó los brazos frente a su rostro.

—¡No, espere! ¡No me golpee! — la chica lo miraba molesta — Puedo jurar que no vi nada, me tape los ojos a tiempo.

Decidió que era mejor mentirle para que se tranquilizara y lograr evitar ser golpeado, la azabache le soltó y pudieron seguir su camino hasta la entrada del restaurante donde ella se despidió agitando un poco la mano y él solo inclinó un poco la cabeza.

Bajos instintos (Tobecca)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora