28- El cumpleaños de Aimeé Parte 1

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Nota antes de leer: Este capítulo constará de dos partes, así que si encuentran dos veces el número 28, no quiere decir que repetí el capítulo, sólo lo dividí por la mitad.

CAPÍTULO 28: EL CUMPLEAÑOS DE AIMEÉ (Parte 1)

Mi piel estaba tan fría como la nieve y tan pálida como un cadaver. No podía moverme, ¿Por qué no podía moverme?

Como si pudiera leer mis pensamientos, una figura corpulenta se acercó entre la oscuridad hacia mí. Las gotas de lluvia cayeron sobre mi cuerpo; mi ropa se sentía transparente, casi inexistente.

Busqué más respuestas con los ojos. Miré el cartel de la tienda de tatuajes y perforaciones al otro lado de la calle. Recordé mi posición.

No...

No podía abrir mi boca ni gritar; mis labios fueron sellados; mi voz, silenciada, y mi lengua, cortada.

—¿Debería recordarte a quién le perteneces? —su voz estalló mi terror.

«Déjame ir»

Mi respiración se tornó caótica. Sabía que sucedería otra vez, porque Jason me había traído a ese lugar.

Las gotas de lluvia acariciaban mi piel como una toxina capaz de crear heridas profundas sobre mi superficie.

Intenté con toda mis fuerzas abrir mi boca y pedir ayuda, pero era como si estuviera tallada con clavos.

—Aunque grites, será inútil —dijo con una risa macabra—. Nadie vendrá a salvarte.

Los oídos comenzaron a zumbarme. Lágrimas brotaban de mis ojos. No podía respirar.

Él se arrodilló justo al lado de mi cuerpo; pude detallar su rostro a la perfección. Comencé a sollozar internamente, mientras mi garganta batallaba con delatar sus planes.

—Shzzz... ¿Escuchas eso? —uno de sus dedos trazó líneas sobre mi mejilla con su toque áspero, quemando todo lo que rozaba. La lluvia golpeaba el suelo y llenaba nuestros oídos de su música—. Adoro la lluvia.

«Por favor, no otra vez. Por favor»

El alma regresó a mi cuerpo cuando Seamus había llegado justo a tiempo. Su expresión era serena, desinteresada.

Mis labios fueron libres en cuanto Seamus había llegado.

—Sea-a...mus —murmuré con dificultad.

Él se acercó a nosotros con la expresión impasible, de hielo. Jason se levantó y acortó la distancia con él.

Mi canto de victoria duró poco. Creí que se darían una paliza el uno con el otro, pero no fue así. De hecho, se abrazaron.

No entendí absolutamente nada. Cuando se separaron, Seamus se acercó a mí, esta vez con una pequeña sonrisa cínica.

—¿Qué hac...? Ey! ¡¿Seamus?! —chillé antes de sentir sus manos presionar mi cuello.

Se me acortaba la respiración. Me retorcí de dolor e intenté alejarlo, pero era más fuerte que yo. Su rostro fue lo último que vi, después de echarle un rápido vistazo a Jason, quien se quedó de pié, mirándonos como un robot.

—Sea... —jadeé, desesperada.

Mi corazón latió, hasta que explotó dentro de mi pecho.

Abrí mis ojos, sintiendo todo mi cuerpo frío y mi corazón en la garganta.

Volví a jadear y a buscar desesperadamente aire. Lentamente, fui recomponiendo mi postura.

Estaba acostada en mi cama, sudando frío.

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