Capítulo 39

6 2 0
                                        


―El verdadero amor... ―Pensó en Stefanie. Estuvo con él teniendo pareja, después aparece diciendo que lo ama, que se vaya a vivir con ella. ¿Qué era eso?

―¿En qué piensas? ―Esteban interrumpió sus pensamientos.

―En la clase de amor de Stefanie.

―Ese no es amor, amigo, cuando uno ama no engaña, no necesitas a nadie más, no buscas a nadie más, no lo necesitas. Esa mujer los engañó a los dos, eso no es amor y no es por desconfiar, pero quizá tú no fuiste el único.

―Puede ser, pero yo no quiero un amor así. El día que me enamore, si es que lo hago, Esteban, quiero ser todo para mi mujer, quiero que sea feliz, voy a amarla con el alma... voy a tener que aprender.

―Eso no se aprende amigo, se siente, lo sientes en el corazón, con el alma, y ahí te das cuentas de que estás enamorado, no lo tienes que aprender, solo sentir.

―A eso le tengo miedo, amigo, a entregarme entero, yo nunca he abierto mi corazón con nadie, todas las relaciones que he tenido han sido solo atracción física, nada más.

―Porque no has encontrado a la mujer que es para ti. Tú te mereces una mujer de verdad, que sea sincera, honesta, fiel, como eres tú amigo, y esa mujer está esperando por ti en algún lugar, te lo aseguro.

―¿Y si no estoy preparado para una relación seria? ―se inquietó Fer.

―Tú eres un tipo honesto, que va con la verdad por delante, no vas a hacer sufrir a nadie, si hasta ahora no has tenido nada serio es porque no has encontrado aún a la mujer que es para ti, nada más y cuando la encuentres, créeme que no la harás sufrir, aunque en ello se te vaya la vida.

―Esperemos que sea como tú dices, amigo, por el momento no quiero a nadie en mi vida, quiero estar solo, necesito estar solo, terminar mi trabajo afuera y volver, poder disfrutar de mi familia, de mis amigos, tener largas conversaciones contigo. Eso quiero. Estar tranquilo.

―Eso es lo que tienes que hacer Fer; enfócate solo en el trabajo, pensando que te queda poco y que pronto podrás volver a tu casa, a tus cosas, a tu intimidad.

―Eso es lo que más deseo.

Luego de terminar sus comidas volvieron al departamento de Fer.

―Me hace bien hablar contigo, amigo ―confesó este mientras preparaba dos cafés.

―Y a mí contigo.

―Más viéndote tan contento, me alegra verte así y al mismo tiempo me da miedo verme como tú algún día.

Soltaron una carcajada los dos.

―Yo quiero verte así, Fer, y ahí te recordaré la conversación que hemos tenido hoy.

Desde el almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora