Capítulo 104

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Al día siguiente, se despertaron tarde, se quedaron un rato en la cama, abrazados.

―Esto lo tenemos que repetir ―pidió Sofía.

―Lo haremos, mi amor.

―Ahora me toca a mí cocinar para ti.

―Así es preciosa, eso no se me va a olvidar.

―Podríamos venirnos hoy en la noche ―propuso Sofía.

―¿Estás segura?

―Segurísima.

―Pero tendrás que cocinar, aunque sea una vez.

―Lo haré, cocinaré algo rico para ti, algo nuevo, le preguntaré a Irma.

―Así no se vale, tú tienes ayuda.

Sofía soltó una carcajada.

―Tú no preguntas, yo sí lo hago.

―Eso es trampa.

―Le pregunto a ella o busco en internet.

―No, por favor, pregúntale a Irma.

―¿Ves? es lo que hago.

―Así es fácil.

―Pero ahora tendré que cocinar algo que ya sepa hacer, ya no veré a Irma hasta el lunes.

―Pues cocina algo que ya sepas, sin buscar en internet.

―De alguna manera tengo que aprender para alimentarte ―dijo Sofía divertida.

Almorzaron en un restaurante del centro de Pucón y luego volvieron a Villarrica. A las cinco se juntaría con Claudia y Soledad para ir al cine.

Soledad pasó a buscar a Claudia y luego a Sofía.

Fer iría un rato a la oficina aprovechando que Sofía no estaría.

Las chicas se pusieron de acuerdo en qué película verían, y por supuesto que fue una romántica. Compraron cabritas y bebidas.

―Una película sin cabritas, no es película, ¿verdad? ―comentó Claudia.

―Así es, muchas cabritas ―estuvo de acuerdo Soledad.

―Son muy ricas ―admitió Sofía con su paquete de cabritas en las manos.

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