Capítulo 52

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―Ojalá mañana amanezca bien mi Sofi ―deseó María Elena.

―Así será, tía, ya verás que mañana estará feliz con sus amigos y trataremos de que lo pase muy bien.

―Mañana va a estar bien ―intervino Adolfo―, ahora cuando llegué me dijo que se sentía un poquito mejor. Las veces anteriores, el sábado ya amanece mejor.

―Es verdad ―afirmó María Elena.

―Mañana tenemos que estar en el aeropuerto antes de las nueve, Esteban ―volvió a hablar Adolfo―, la llegada de la Sole le hará bien.

―Sí, tío, y muchas gracias.

―No, hijo, gracias a ustedes por viajar.

―Mañana, tía, lo pasaremos muy bien y ustedes se distraerán, lo necesitan.

―Trataremos, pero a mí no se me pasa el miedo de que en cualquier momento se sienta mal.

―Pero cuando pasan los efectos, se siente bien, todo vuelve a la normalidad ―habló Adolfo.

―¿Normalidad? ―dijo María Elena, molesta―, si sabemos que se siente bien, pero la enfermedad sigue, ¿cómo puedes hablar de normalidad?

―Tía, escucha al tío, escucha lo que quiere decir.

―Lo sé, amor, al hablar de normalidad me refiero a que la Sofi se siente bien y con ánimo, con ganas de hacer cosas, sé que la enfermedad está ahí, no olvides que también es mi hija y sufro tanto como sufres tú, pero todo esto es parte del proceso, ahora lo que debemos hacer es tratar de distraernos como dice Esteban, y tratar de que nuestra hija se olvide un poco de su enfermedad, si nosotros estamos mal, ella también lo estará.

―Eso es verdad, tía, si el distraernos un poco no significa que se nos olvide que está enferma, o que no nos importe, es solo tomar un poco de fuerzas para seguir adelante.

―Perdón, perdón, Adolfo, es que verla así me pone mal, pero haremos lo que ustedes dicen, mañana ustedes van a buscar a la Sole y yo me quedo preparando un rico desayuno, luego hacemos el pescado al horno y en la tarde nos distraeremos con nuestros amigos.

―El domingo vamos al mall, al mirador ―informó Adolfo―, almorzaremos allá y recorreremos para que la Sole también disfrute. La Sofi quiere que llevemos a la Sole al mirador. El lunes ustedes hacen lo que quieran y el martes nos vamos, no va a haber tiempo para preocupaciones.

―Eso es lo que hay que hacer, tía, sé qué es difícil pedirte esto, pero no pienses tanto, vive el momento, luego, en enero veremos lo que sigue, ahora podemos viajar y estar con ustedes en cualquier momento ―la consoló Esteban.

―Así será ―aceptó María Elena―. ¿Nos tomamos un cafecito? ―invitó.

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