Capítulo 105

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Luego de comer la pizza, fueron al centro, caminaron, recorrieron muchos lugares y almorzaron en el mismo restaurante del día anterior.

Después de almuerzo, caminaron por la Costanera, se tomaron fotos y luego fueron al supermercado. Allí compraron lo que necesitaba Sofía y lo que Fer necesitaría el día siguiente para cocinar, y por último fueron por sus infaltables café y chocolate caliente. Luego de terminar volvieron a la cabaña, estaba comenzando a llover, como el día anterior.

Esta vez, Sofía guardó lo que compraron y Fer encendió la chimenea y la calefacción, esta iba por el piso, así es que se calentaba la cabaña entera.

Se sentaron en el sillón mirando la lluvia y el lago. Sofía se abrazó a Fer y quedaron así, en silencio.

Después de un rato, Sofía se incorporó y se fue a la cocina. Debía preparar la comida. Fer le ofreció un café y él se preparó otro, luego con el café en la mano, se apoyó en el ventanal. Afuera hacía frío y el vidrio del ventanal estaba empañado. Pero aparte de la calefacción, había calor de hogar y eso a él le gustaba mucho y le gustaba ver como Sofía se afanaba en la cocina, no porque él fuera machista, porque no lo era para nada, solo le gustaba verla así, se veía tan femenina, tan atractiva, tan linda.

―No te miro, pero siento que estás ahí ―habló de pronto, Fer.

―No, no empieces que recién estoy con la cena.

―Yo ayer también estaba con la cena y tú no tuviste piedad.

―Pobrecito, no te tuve piedad ―se burló Sofía.

―No, nada, ni un poquito. Yo tampoco voy a tener piedad.

―¿Y qué harás?

―No lo sé, solo sé que estás ahí y te siento, te siento con todo mi ser.

―No me mires, tú ibas a ver tele.

―Yo no dije nada y no te miro, pero sé que estás. Lo siento y siento mariposas en el estómago.

―Y no las puedes controlar ―se burló Sofía.

―No, no puedo y sé que estás ahí, sé que estás ahí y no aquí conmigo.

Sofía, que estaba preparando una lasaña de verduras con pollo asado, lo puso en el horno y se acercó a su marido, lo abrazó y lo besó.

―Aquí estoy. ¿Me sientes? ―preguntó ella.

―Te siento, sí, con todo mi ser ―susurró besándola en los labios.

Esta vez Fer acarició a su esposa que estaba pegada a él besándolo. Él acariciaba sus senos, sus piernas, sus partes íntimas. Abrió el cierre de sus jeans e introdujo la mano entre sus piernas sintiendo la humedad del deseo que recorría su cuerpo. Sofía gemía de placer, él la tomó y cuando ella rodeó con sus piernas el cuerpo de él, la sentó en la mesa de la cocina y le hizo el amor, ahí mismo. Se amaron con una pasión al borde de la locura.

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