―Es maravillosa, Claudia ―exclamó Soledad al llegar.
―Espérate cuando la veas por dentro ―replicó Claudia.
Entraron a la casa y quedaron aún más fascinados.
―Es grande y llena de luz ―exclamó Soledad, mirando todo.
―Eso es lo que más me gustó ―contó Claudia―, y la cocina es muy cómoda.
―Es muy hermosa, chicos ―habló Esteban―, los felicito.
―Gracias, Esteban, nos enamoramos de esta casa.
―Gracias, hermanito.
―Wow, la cocina sí que es amplia ―acotó Soledad al entrar a la habitación.
―Sí, acá podremos tomarnos un cafecito, cuñis.
―¡Por supuesto! ―Soledad estaba entusiasmada.
―Lo bueno es que es de un piso, por nuestros futuros sobrinos, digo yo ―festinó Esteban.
―Los sobrinos ―meditó sonriendo Soledad―, veo esta casa llena de niños.
―Cinco quería Pablo. ―Rio Claudia.
―¡Cinco!―gritó Soledad y soltó una carcajada. Todos rieron.
―Pero no me aguantaron ―confesó Pablo, mientras reía―, tres a lo más.
―Y era que te aguantaran ―socarró Soledad―. ¿Y el jardín?
―Vamos a verlo, es muy lindo y hay una terraza muy linda también ―invitó Claudia.
Salieron y se encontraron con árboles, muchas plantas y todo multicolor y una terraza hermosa.
―Vaya qué hermoso es ―exclamó Esteban―, aquí correrán nuestros sobrinos.
―Es maravillosa, Esteban ―replicó Soledad―, esto es el paraíso.
Todos reían al ver el entusiasmo de Soledad y como ellos todo lo celebraban, fueron a cenar, la casa realmente merecía una celebración.
Llegaron Lucía, Diego y Vania a la casa de sus amigos.
―Hola, amiga. ―Se abrazaron las chicas―. ¿Cómo estás?
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Desde el alma
RomansaSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
