Fer bajó a la playa esa tarde. Estuvo mucho rato. Caminó, se sentó en la arena, volvió a caminar y la chica de los ojos de miel no aparecía. Era ella. Era Sofía. Por eso sentía esa conexión con ella también.
―¡Sofía! ―dijo en voz alta―. Sofía no te vayas, no me dejes. Te amo tanto, tú me hiciste conocer el amor de verdad. ¡Sofía! ―gritó y no pudo contener el llanto―. ¡Sofía! ¡Sofía! ―la llamó muy fuerte. Se tiró de rodillas en la arena y se tomó la cabeza con las manos. Lloró. Lloró mucho. ¡Sofía! Repetía una y otra vez. No podía más con la angustia. Si ella moría él moriría con ella. Era tan distinta a las demás. Su mirada era transparente. Podía ver su alma limpia, hermosa.
Se enamoró de ella el primer día que la vio. Nunca más se la pudo sacar de la cabeza y cuando empezó a hablar por teléfono con Sofía, la prima de Esteban se completó todo. El alma con lo físico. Él lo sentía, aunque no supiera que era la misma persona, él lo sentía desde el alma. Ahora no la dejaría. Estaría con ella siempre. Lucharía por ella.
Sofía pasó muy mal esa noche.
Al día siguiente llegaron Nalia y María Cristina.
―Mané, voy a mandarte a la chica que me ayuda con las cosas de la casa, para que te ayude acá, no puedes estar sola ―informó Nalia.
―Está bien, es verdad que no puedo sola.
―No han dormido nada ―dijo María Cristina.
―Nada, ahora Adolfo fue a dormir un rato para ir en la tarde a la oficina.
―Anda a dormir un rato, nosotras nos quedamos con Sofía ―ofreció Nalia.
―Gracias, voy a dormir un ratito.
―Duerme tranquila, debes reponerte ―exclamó María Cristina―, se vienen días difíciles, pero estaremos con ustedes, anda a dormir.
―Gracias.
Entró a su cuarto, Adolfo dormía, se acostó a su lado y se durmió.
Nalia y María Cristina ordenaron y cocinaron. María Elena y Adolfo se levantaron cerca de la una. Almorzaron los cuatro y se sumó Carlos, Esteban y Soledad.
Luego de almorzar fueron a ver a Sofía, que había dormido toda la mañana. Había despertado tres veces a vomitar.
Los hombres se fueron a trabajar, mientras Nalia, María Cristina y Soledad se quedaron con María Elena.
―Amiga, ya va a pasar. Luego te sentirás mejor ―la animó Soledad.
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Desde el alma
RomanceSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
