Capítulo 48

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Jueves y viernes fueron unos días atroces, Sofía no paraba de vomitar, pero ahí estaba Esteban que no la dejaba sola; cada vez que podía le conversaba y trataba de hacerla reír. A veces lo lograba, otras, le pedía que la dejara sola. Le dolía mucho la cabeza y el cuerpo y seguía con fiebre. María Elena llamó al doctor Rosales y este le indicó otro medicamento, pero le dijo que era parte del proceso y que, aunque costara, debían tener paciencia.

―Se siente muy mal, mamá ―le contaba Esteban a Nalia por teléfono―, es terrible verla así.

―Yo quisiera estar allá con ustedes.

―No, mamá, no viajes, la Claudia puede sospechar.

―Lo sé, lo sé, pero quiero acompañarla.

―Mamá, los padres de Vania están con ellos, no están solos.

―Sé que ellos no los dejan solos. ¿Hablaste con la Sofi?

―Sí, mamá, pero no pude mentirle.

―¿Cómo? ―preguntó extrañada su madre.

―Eso, que le dije la verdad, mamá, que lo sabía y que ustedes también lo saben.

―¿Qué dijo?

―Lo tomó bien, le expliqué todo y lo entendió, lo que le preocupa es la Claudia, no quiere que se entere todavía.

―No lo sabrá, eso será cuando ella quiera.

―Eso le dije y se sintió aliviada al saber que estábamos enterados.

―Qué bueno, Esteban, ahora podré llamarla.

―Sí, mamá, ahora puedes hacerlo, a mí también me tranquiliza que lo puedas hacer.

―Gracias, hijo, por hablar con ella y contarle.

―Pero, mamá, ¿cómo me das las gracias? ―Sonrió Esteban―. ¿Cómo está mi papá y la Claudia?

―Tu papá está a mi lado, la Claudia en su cuarto, todos bien. Pero si te fuiste hace dos días, hijo.

―Pero los extraño. ―Sonrió Esteban.

―Nosotros también te extrañamos.

Se despidieron y Nalia le contó a Carlos la conversación con Esteban.

―Qué bueno que todo haya sucedido así. ―Se tranquilizó Carlos―. Ahora podremos llamarla o viajar sin problema.

―Así es, mi amor, eso me tranquiliza un poco.

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