Capítulo 22

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En ese momento entró Alejandro.

―¿Cómo estás, Sofi?

―Sigo asustada.

―Trata se estar tranquila, chiquilla, todos estamos contigo y cualquier cosa le avisas a Cynthia, ella estará contigo todo el tiempo.

―Gracias, tío.

―No me des las gracias, hija, te quiero mucho.

―Yo también.

―Volveré más tarde.

―Está bien.

Afuera estaban las amigas de Sofía, también Juan Carlos y José Luis. Diego y Lucía estaban allí.

―Hola ―saludaron los chicos.

―Hola, gracias por venir ―agradeció María Elena.

―Hola, chicos ―saludó Adolfo―, muchas gracias por estar acá.

―No podíamos no estar, es nuestra amiga ―expresó Paula.

―¿Cómo está? ―preguntó Beatriz.

―Asustada, muy asustada ―respondió Adolfo.

―¿Se puede ver? ―preguntó Vania.

―No, ya empezó el procedimiento, como le llaman ―respondió María Elena.

―Quizá no quiera vernos ―intervino Juan Carlos―, si empiezan los efectos secundarios no se sentirá bien.

―Eso nos dijeron ―contó Adolfo―, esperemos que no sean muy fuertes.

―Esperemos que sea así, pero le darán medicamentos para contrarrestar esos síntomas ―expresó José Luis.

―Eso nos dijeron ―contó María Elena.

No pudieron verla durante el procedimiento; estuvieron toda la mañana allí, nadie quería comer nada, solo tomaban café. A las dos, Juan Carlos, Diego y José Luis fueron a la cafetería a comprar algo para comer, nadie quería salir de la salita donde esperaban. Llevaron sándwich para todos; los padres de Sofía no querían comer nada.

―Deben comer algo, deben tener fuerzas para recibir a la Sofi cuando salga, no pueden estar a puro café ―les aconsejó José Luis.

―No puedo comer nada ―confesó María Elena.

―Yo tampoco ―añadió Adolfo.

―Traten de comer algo ―insistió Juan Carlos―, es verdad lo que dice el Jose, y quizá no les espere una noche muy tranquila.

Desde el almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora