Capítulo 94

8 2 0
                                        


Sofía llamó a sus padres para decirles que estaba bien y que habían vuelto. Lo mismo hizo Fer, no porque tuviera que dar razón de lo que hacía, sino por la salud de Sofía.

Fer tenía una señora, llamada Irma, que hacía el aseo tres veces por semana en su departamento y cocinaba. Era una mujer de mediana edad, que congenió muy bien con Sofía.

―Señora Irma, no estaré en la tarde, voy a casa de mi mamá.

―Está bien, mi niña, cuídese.

―Cuando termine se va.

―Gracias.

Sofía llegó a casa de sus padres.

―Sofía, hija, ¿cómo llegaron? ―preguntó su madre.

―Bien, mamá, fueron unos días maravillosos, Fer arrendó una cabaña hermosa con una terraza en medio de los árboles.

―Qué bueno, hija, lo pasaron bien.

―Sí, recorrimos harto, salíamos a almorzar a algún restaurante, llovió dos días y esos nos quedamos encerrados.

―Ah, pero solo fueron dos días, los demás días pudieron salir.

―Sí, los otros días sí salimos.

―¿Ustedes cómo han estado?

―Bien, extrañándote, pero bien porque sabemos que eres feliz.

―Lo soy mucho, mamá, no te imaginas cuánto.

―¿Te acostumbras a vivir en el departamento?

―Yo creo que sí, desde hoy vivo en él, si venimos llegando mamá ―respondió Sofía lanzando una carcajada.

―Tienes razón, no llevas ni un día allí. ¿cómo te has sentido, hija?

―Bien, mamá, bastante bien.

―No han aparecido moretones?

―No, nada, ni sangrado de nariz, nada, hasta el cansancio se ha pasado un poco, así es que puedes estar tranquila.

―Qué bueno, eso me tranquiliza.

―Mamá, cualquier cosa que pase yo te avisaré, no me voy a callar nada, así es que por esa parte también puedes estar tranquila.

―Sí, Sofi, avísame cualquier cosa que pase, por favor.

―Lo haré, mamá, tranquila.

―Llamó la Lucía.

Desde el almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora