Capítulo 87

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―Hermano ―le dijo Soledad―, la Sofi es fuerte y saldrá de todo esto, ya no va a tener deseos de dejar todo, ahora tiene algo porque luchar, porque vivir, algo que es solo suyo y es tu amor y tú. Tú eres suyo, yo lo sé. Todos nosotros los apoyaremos siempre, entre todos le daremos fuerza a ella para que se levante y siga adelante.

―Así será ―intervino Adolfo―, gracias a todos por estar con nosotros y por querer tanto a Sofía.

―No tienes que dar las gracias, tío ―dijo Esteban―, lo hacemos porque queremos. Los quiero mucho.

―Es reconfortante estar con la familia en estos momentos ―expresó Adolfo con lágrimas en los ojos.

En ese momento llegó Cecilia, luego de saludar, abrazó a su hijo.

―Tienes que ser fuerte, hijo, para darle fuerzas a ella.

―Lo sé, mamá, gracias por venir.

―Cuando tengo un ratito libre me arranco para verla.

―Eso es verdad ―afirmó María Elena―, gracias, Cecilia.

―¿Antes habías venido a verla? ―preguntó Fer.

―Sí, hijo, vengo cuando tengo un rato libre.

―Gracias, mamá.

―Nada de gracias; Sofía se hace querer. Voy a pasar a verla un ratito.

Cecilia tocó la puerta y entró.

―Hola, Cata, ¿me dejas verla un ratito?

―Claro, Cecilia, en todo caso se va en unos treinta minutos.

―Gracias.

―Hola, mi niña, ¿cómo te sientes? ―le pregunto.

―Hola, tía, me siento mal.

―Mi niña, pero tú sabes que son dos días y pasa, tienes que ser fuerte, no estás sola.

―Sí, tía, el solo saber que están conmigo, me da fuerzas para seguir. Pero me preocupan mis papás.

―Están muy preocupados, Sofía, eso es verdad, pero no están solos, afuera están todos con ellos, tus tíos, los padres de Pablo, la Claudia, Esteban, la Sole, no están solos hija, todos estamos con ellos así es que tú quédate tranquila que no te hace bien estar preocupada.

―Gracias, tía, muchas gracias.

―Por nada, Sofía, no te dejaremos nunca sola.

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