Capítulo 88

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―Le cambió la cara a nuestra hija ―dijo Adolfo, mientras cenaban.

―Eso es gracias a ti, Fer, le ha hecho muy bien estar contigo―exclamó María Elena.

―Doy gracias por haberla encontrado ―confesó Fer―, ustedes no se imaginan cuánto amo a su hija. Gracias por recibirme en su casa y en sus vidas.

―Estamos muy contentos, Fer, siempre que se amen estará todo bien, pero si te cansas te pido que seas sincero y lo digas ―pidió Adolfo.

―Jamás me cansaré de estar con ella, estoy porque la amo y esta la primera vez que me enamoro, con Sofía conocí el amor.

―Está bien, Fer, solo lo decía porque no quiero que esto te agobie.

―Eso no va a pasar, yo les demostraré cuánto la amo. Ahora me voy, Sofía se durmió, pero les pido que cualquier cosa me llamen, a la hora que sea.

―Tranquilo, te llamaremos cualquier cosa y ve tranquilo, esto es así, por lo menos hasta el sábado.

―Gracias, Mané, gracias, Adolfo, juntos saldremos de esto.

Fer condujo hasta la playa, llovía suavemente, bajó del auto y caminó por la Costanera, era de noche y las luces de la ciudad lo iluminaban todo. Recordó la primera vez que vio a Sofía, esa chica se le metió hasta los huesos en cuánto la vio. Él se fue a Nueva York con ella metida en la cabeza y en el corazón. Cuando volvió a verla sintió deseos de hablarla, pero ella se iba, era como si huyera de él, ahora sabía porque... Si hubiese sabido antes... pero jamás imaginó que estaba enferma. Cuánto la amaba y cuánto le dolía verla así. Daría su vida entera por verla sana. Lo que él sentía por ella jamás lo había sentido antes, a esa mujer él la amaba desde el alma y con todo su corazón.

La lluvia había mojado su ropa, caminó lento hacia el auto, entró y encendió un cigarrillo, un trueno sonó muy fuerte. Se fue a su departamento y una vez allí encendió la calefacción, se dio una ducha con agua caliente y preparó un café. Se apoyó en el ventanal. Cómo quisiera tenerla a su lado, cuidarla, contenerla, abrazarla. Sabía que esa noche no podría dormir pensando en cómo estaría ella, cómo pasaría la noche...

Sofía pasó una noche mala, tuvo vómitos, fiebre, dolor de cabeza y muchas náuseas.

En la mañana llegó Nalia a acompañar a María Elena.

Fer pasó a ver a Sofía antes de ir a la oficina, pero ella estaba durmiendo, así es que solo la miró y le dio un beso en sus cabellos. Quedó en volver después de almuerzo.

María Elena preparó café para ella y su hermana.

―Ahora solo hay que esperar, no se puede hacer nada ―dijo María Elena.

―Pero quizás esta vez no sea tan terrible, ahora está enamorada y eso le dará ánimo, Mané.

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