El domingo desayunaron juntos. Soledad notó a Fer sombrío, pero no dijo nada. Cuando terminaron Fer dijo:
―Me voy, anoche dormí poco, pero vengo a tomar once con ustedes y me quedo hasta el martes.
―Bueno, hijo, descansa ―aceptó Vicente.
―Te esperamos para la once.
―Sí, mamá ―dijo abrazando a Cecilia―, te quiero mucho.
―Yo también te quiero mucho, hijo.
―Chao, papá, nos vemos en la tarde, te quiero mucho.
―Yo también, hijo.
―¿Y tú qué vas a hacer hermanita?
―Voy a llamar a Esteban, pero lo veré en la tarde, voy a almorzar con los papás.
―Ah, qué bien, nos vemos, hermana, mañana almorzamos todos juntos, yo invito ―dijo Fer.
―Claro que sí, vamos a almorzar por ahí ―aceptó Cecilia.
Fer subió a su auto y partió. En el camino llamó a Esteban.
―Hola, Fer, ¿qué pasa?
―¿Tienes un momento? ―pidió Fer.
―Sí, con la Sole nos veremos en la tarde.
―Te paso a buscar ―ofreció Fer.
―Te espero, amigo.
Fer tomó el camino a casa de Esteban y este apenas lo vio llegar, salió; había notado un tono extraño en la voz de su amigo.
―Hola, amigo, ¿qué pasa? ―preguntó apenas subió al auto.
Fer hizo una mueca.
―Stefanie otra vez.
―¿Qué? ¿Te llamó?
―Anoche, tarde.
―¿Qué quería?
―Lo mismo. Que lo otro terminó, que vaya a vivir con ella, lo mismo de siempre.
―Pero le dejaste claro que no querías nada con ella.
―Sí, pero la vez anterior también lo hice y no entendió, al final le corté.
―Pero ella te deja mal, ¿o me equivoco? ―indagó su amigo.
ESTÁS LEYENDO
Desde el alma
CintaSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
