Mientras tanto en casa de Cecilia y Vicente, terminaban el almuerzo; después de la sobremesa, Fer se despidió de sus padres.
―Mamá, papá, me voy, tengo que terminar la maleta y dejar listas algunas cosas antes de partir.
―Te vamos a extrañar mucho, hijo ―expresó Cecilia―, cuídate mucho y estaremos hablando y esperando el día que vuelvas.
Fer abrazó a su mamá, le dio un beso en el cabello y le dijo: "Te quiero mamá."
―Hijo, ya vas en la recta final, gracias por todo el trabajo que has hecho en este tiempo, sin ti habría sido muy difícil, has hecho un trabajo extraordinario, muchas gracias, Fer ―se despidió su padre.
―Papá, hice lo que había que hacer, no me des las gracias, además, sabes que me gusta mucho mi trabajo.
―Lo sé, hijo, pero no puedo dejarte ir sin darte las gracias. Te extrañaremos y estaremos al habla, te quiero mucho, hijo ―exclamó Vicente abrazando a su hijo, este también lo abrazó.
―Te quiero, papá.
Fer, una vez en su departamento, terminó la maleta, arregló algunos asuntos y se sirvió un whisky, encendió un cigarrillo y salió a la terraza, se tumbó en un sillón. Desde ahí tenía una hermosa vista del lago y del volcán. "Ya es lo último," se dijo "el último viaje y estaré de vuelta para empezar una nueva vida, junto a los que amo." Su vuelo salía a las doce, el transfer pasaría a buscarlo a las ocho.
Mientras tanto, Sofía y Vania, se encontraron con algunos chicos del grupo y compartieron un rato con ellos. Sofía llevaba puesto un traje de baño de una pieza, de color turquesa, uno de sus colores favoritos, se veía hermosa y el color contrastaba con su piel bronceada. Vania por su parte también lucía un traje de baño de una pieza amarillo limón, se veía muy linda.
Cerca de las siete Sofía le dijo a Vania que estaría en el espigón, estaba un poco cansada.
―Vamos, yo te acompaño.
―Si quieres quedarte con los chicos...
―No, vamos, no te dejaré sola.
Caminaron hacia el espigón, este entraba en el lago y se sentaron en un peldaño, estaban al lado de la playa.
―¿Quieres que nos vamos? ―preguntó Vania.
―No, está rica la playa, quedémonos un ratito más, ¿quieres?
―Sí, quedémonos, de verdad que está rica.
Conversaron un rato y luego Sofía dijo que se mojaría los pies. Vania se quedó sentada viendo como su amiga estaba en la orilla de la playa.
ESTÁS LEYENDO
Desde el alma
RomansaSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
