―Oye, te quedaste pegada con el guapetón de la playa.
―No, Vania.
―Te conozco, amiga, igual era lindo y se quedó mirándote.
―Sí, era lindo, es verdad, quedó grabado en mi cabeza.
―¿Y en el corazoncito?
―¡Vania, lo vi una vez!
―¿Y qué? Recuerda que yo me enamoré de Juan Carlos la primera vez que lo vi.
―Sí, casi te desmayaste ―dijo Sofía riendo―, lo recuerdo muy bien.
―Pues, tú estabas así hoy, casi te desmayaste, no digas que no.
―Sentí una sensación tan extraña, Vania, nunca lo había sentido.
―Es el corazoncito que te avisa algo.
―Vania, sabes que no puedo...
―No puedes... ¿qué? ¿enamorarte?
―Por supuesto, ¿cómo le digo que estoy enferma y que puedo morir? ¿Crees que se quedaría a mi lado? Tampoco puedo mentirle.
―Si se conocieran y él te ama y es bien hombre, que, entre paréntesis, creo que lo es, se quedaría a tu lado y te amaría con el alma, Sofía.
―Eso lo dices porque eres mi amiga, Vania, pero no podría retener a alguien a la fuerza, menos que sienta lástima por mí.
―Nadie siente lástima por ti, Sofi, nadie, y creo que él tampoco lo haría.
―Pero no sé quién es, como se llama, ni siquiera sé de dónde es.
―Pero eso lo podemos averiguar, amiga, lo más probable es que mañana lo encontremos otra vez y ahí vemos, ¿te parece?
―No, Vania, no me parece, quizá tiene familia.
―¿Familia? ¿Y va solo a la playa? No creo, amiga, y como dicen por ahí, el que no se arriesga no cruza el río, yo te ayudo.
―No sé, Vania, me da miedo enamorarme y después irme.
―No te vas a ir, amiga.
En ese momento tocaron a la puerta.
―Pase ―dijo Vania.
Soledad entró al dormitorio.
―Sofía... ¿pasó algo? Te noto extraña.
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Desde el alma
RomantikSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
