Capítulo 37

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Capítulo 37

Sofía pasó el resto de la semana tranquila. El sábado llegaron sus amigos y con ellos también llegó Eduardo que ya era parte del grupo.

Los chicos llevaron carne, bebidas y cervezas. También llevaron helados y snaks. Entre todos prepararon el asado y el acompañamiento.

―Tíos ―llamó Vania―, vengan a compartir con nosotros.

―Tranquilos, disfruten ustedes, vienen tus padres, deben estar por llegar.

―No tenía idea que venían ―se sorprendió Vania―, es que nosotros fuimos al súper.

―Esto salió recién y pediremos sushi, tendremos nuestro propio carrete. ―Sonrió María Elena.

―Bueno, pero igual les llevaremos un trocito de carne, tía.

―Bueno, mi niña, gracias.

En ese momento llamaron a la casa.

―Ahí llegaron ―dijo Adolfo y fue a abrir.

Los chicos se dedicaron a pasarlo bien. Fue tarde de asado y piscina. Mientras tanto, María Elena y Adolfo, con los padres de Vania ponían el sushi en las bandejas. Al final todos compartieron todo lo que había. Eduardo se había adaptado muy bien al grupo y era uno más. Tomaron fotos en la parrilla, en la piscina, mientras comían, jugaban y cantaban. Ellos solo lo pasaban bien y lograban que Sofía se olvidara un rato de lo que estaba pasando. Sofía le había contado a Eduardo de su enfermedad, así es que él estaba al tanto de todo.

"Cómo me gustaría contarle a Esteban", pensó ella en un momento, pero no, no quería amargarlo, aunque sabía que le haría muy bien desahogarse con él... Bueno, lo pensaría, lo pensaría muy bien...

Lucía y Diego siempre estaban pendientes de Sofía y sus padres. Ella pasaba todos los días a verlas un ratito, no la dejaba sola y Diego, por su parte, almorzaba con Adolfo en la semana, y muchas veces iban a tomar once con ellos, el asunto era no dejarlos solos. Eran buenos amigos y en esos duros momentos estaban ahí con ellos.

―Mané, Adolfo ―pidió Lucía―, apenas sepan el resultado de los exámenes nos cuentan, por favor.

―Sí, apenas sepamos algo les avisaremos ―respondió Adolfo.

―Van a ir los tres.

―Así es, tenemos que estar allá a las ocho, así es que vamos a saber temprano el resultado.

Los chicos empezaron a gritar, llamándolos.

―Vamos ―sugirió Diego―, o no se callarán.

―Sí, vamos ―aceptó Adolfo y salieron donde los chicos. Tenían lista la carne y se sentaron con ellos.

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