―Vania, que rico tenerte en nuestra casa ―saludó María Elena.
―Hola tía, estoy feliz de estar aquí, de volver a verla ―exclamó Vania.
―¡Juan Carlos! Qué bueno que pudiste venir con la Vania. ―María Elena abrazó al muchacho.
―Para mí es un agrado volver a verla, tía ―exclamó Juan Carlos.
―Tío, que rico volver a verlo ―saludó Vania a Adolfo.
―Vania, bienvenida y gracias por venir a ver a nuestra hija ―saludó él.
―Ustedes saben que es mi mejor amiga, aunque ahora estemos lejos ―exclamó Vania.
―Juan Carlos, es un agrado tenerte aquí, muchacho ―saludó Adolfo.
―Para mí también, tío, claro que lo es ―admitió Juan Carlos, abrazando a Adolfo.
―Hola ―saludó Fer―¿cómo están?
―Bien, hijo, aquí, esperando a que llegaran ―respondió María Elena.
―Adolfo, hola, me alegro de que estén bien ―saludó Fer a su suegro.
―Hola, Fer, gracias ¿ustedes han estado bien?
―Sí, bien, y felices con nuestros invitados ―respondió Fer.
―Mamá, papá, hola ―saludó Sofía abrazando a sus padres.
―Hola, hija ―saludaron ellos.
―Pasen a la mesa, el almuerzo está listo ―invitó María Elena.
Se sentaron a la mesa y Belén les sirvió los platos.
―Ustedes llegaron ayer ―comentó María Elena.
―Sí, tía, ayer llegamos ―respondió Vania.
―¿Cómo están Lucía y Diego? ―preguntó Adolfo.
―Bien, tío, quieren venir a visitarlos.
―Bueno, solo hay que ponerse de acuerdo para ver cuando puede Diego ―indicó María Elena ―, voy a llamar a la Lucía para preguntarle cuando pueden venir, tengo deseos de ver a mis amigos.
―Cuando ellos puedan, no hay problema ―concordó Adolfo.
―¿Y la Paula y la Bea cómo están? ―quiso saber María Elena.
―Bien, en la U bien y con sus pololos bien también, y con deseos de ver a la Sofi― respondió Vania.
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Desde el alma
RomantikSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
