Capítulo 66

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El miércoles, El doctor Rosales llamó a Adolfo. El resultado de los exámenes arrojaba lo mismo, las células cancerosas seguían en el cuerpo de Sofía. El tratamiento con el medicamento no estaba dando el resultado esperado, esperarían dos semanas y harían quimio otra vez.

"Otra vez no, no quiero quimio, no quiero sentirme tan mal. ¿Por qué no resultan los tratamientos? ¿Es que voy a morir? Y si es así ¿por qué no muero de una vez y así dejo de sentir todo lo que siento? Otra vez a encerrarme un par de días... días que se hacen eternos", pensaba Sofía tirada en la cama. No tenía ánimos de nada.

Pensó en el hombre de los ojos verdes. ¿Por qué no apareció más? Tenía tantas ganas de volver a verlo. Recordaba sus ojos verdes, su mirada transparente, su piel tostada y esos labios que daban deseos de besarlos. "Que tonta soy" ―pensó―, "no puedo sentir esto por un hombre que vi solo una vez." Pero no podía, cada vez que lo recordaba sentía que se apretaba el estómago. Recordaba el momento en que Vania la llamó y ella se volvió encontrándose con esos ojos perturbadores. Fue como si el mundo se detuviera, no veía nada, solo a él y él que no dejaba de mirarla. Quería revivir ese momento una y otra vez. Si volviera a verlo ¿se arriesgaría a amar? ¿se atrevería a empezar algo con él o, por el contrario, escaparía? No quería escapar de él, por el contrario, se habría tirado a sus brazos y le habría entregado su alma. ¿Qué le pasaba con él? ¿Por qué no podía sacarlo de su mente y de su corazón? Lo sentía en el alma.

En la tarde llegaron Soledad, Esteban y Pablo, hicieron un picoteo con unos bocadillos para compartir ese atardecer cálido y tranquilo.

―¿Cómo les ha ido en la playa? ―preguntó Pablo.

―Bien ―contestó Claudia―, nos hemos juntado con los chicos.

―Sí, ha estado entretenido ―contó Vania―, lo hemos pasado bien.

―Mañana podríamos esperarte en la playa, Pablo ―propuso Esteban―, puedes irte un poco antes.

―Sí, no hemos ido a la playa esta semana, es buena idea ―contestó Pablo.

―Yo me voy a tomar mañana y el viernes, así es que estaré aquí en el día ―les contó Esteban.

―Qué rico ―dijo Soledad―, ya te extrañaba.

―Yo también, pero ya estaré aquí estos días.

―Qué bueno, primo, bien botadas que nos tenías ―se alegró Sofía―, en dos semanas tenemos que ir al cumple de una prima de la Vania.

―¿Se van a ir? ―preguntó Claudia.

―Pero una semana yo creo ―intervino Vania―, es que, si no vamos, nos mata.

―Las vamos a extrañar ―exclamó Soledad―, nos hemos acostumbrado a ustedes.

―Pero vamos a volver, Sole ―dijo Sofía―, yo también los voy a extrañar.

―Vania, ¿tú vuelves?

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