Capítulo 91

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Antes de salir a la casa de Sofía, Fer le dijo:

―No quiero que te vayas.

―Yo tampoco quiero irme.

―Me gustaría verte aquí cada mañana, despertar contigo, tomarnos un café juntos en pijama...

―Cuando nos casemos haremos todo eso y mucho más.

―El lunes vamos, ¿sí?

―Sí, el lunes, mi amor, y nos casamos pronto.

―Lo antes posible, preciosa.

Llegaron a casa de Sofía.

―Hola ―dijeron al entrar.

―Queríamos decirles algo ―informó Sofía.

―¿Qué pasa? ―preguntó Adolfo.

―¿Comieron algo? ―preguntó María Elena.

―Sí, mamá, fuimos a cenar.

―Yo quería hablar con ustedes ―intervino Fer.

―¿Pasa algo?

―Adolfo, Mané, quiero pedirles la mano de Sofía, sé que salió anticuado, pero... yo soy así.

―¿Quieres casarte con nuestra hija? ―preguntó Adolfo.

―Queremos casarnos, papá.

―Pero... cómo... ―exclamó María Elena― si llevan tan poquito juntos.

―Mané, llevamos el tiempo suficiente para saber que queremos estar juntos por siempre ―exclamó Fer.

―Pero... ¿no podrían esperar un tiempo más?

―No, mamá, nos amamos y queremos estar juntos, además, nosotros no tenemos todo el tiempo que queramos, no nos sobra el tiempo...

―Fer, ¿estás seguro de que quieres casarte? ―preguntó Adolfo― sabes todo lo que eso conlleva.

―Estoy seguro y sé lo que estoy haciendo, Adolfo, lo sé muy bien.

Adolfo se alisó el pelo con la mano y quedó pensativo, luego dijo:

―Yo los apoyo en lo que ustedes quieran hacer, pero... ¿no se irán a arrepentir después? Es verdad que llevan muy poco tiempo juntos.

―Adolfo, yo amo a su hija con mi alma, ya no soy un niño para no saber lo que quiero, quiero que Sofía sea mi esposa y la cuidaré, estaré con ella en las buenas y en las malas y no me arrepentiré.

Desde el almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora