Capítulo 49

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―Sofi... ¿en qué piensas? ―Esteban interrumpió sus pensamientos.

―En que tú eres el hermano que nunca tuve.

―Así es, soy tu hermano mayor, así es que cuando te enamores, primero tengo yo que dar mi consentimiento ―señaló él muy serio. Sofía sonrió.

―No seas fresco.

―Pero claro que será así, soy hombre y más grande que tú, por lo tanto, conozco a los buitres.

―Menos mal que la Claudia se va a casar ¿Te acuerdas cuando le corriste ese pololo que no te gustaba y ella estaba muy enojada?

―No me habló en un mes, sí me acuerdo, pero yo tenía razón ¿sabes? Acuérdate que al poco tiempo se casó, ahora está separado y ha tenido tres parejas y en más de alguna ocasión lo he visto con otras mujeres.

―¿Verdad?

―Sí, así es, salvé a mi hermana de un zorro.

―Tendré que hacerte caso, entonces.

―Pero claro que tendrás que hacerme caso.

―Mira, Esteban ―dijo ella mostrándole el hombro―, apareció otro moretón.

―¿Te duelen?

―No, solo aparecen y desparecen de igual forma, a veces he tenido tres en diferentes partes del cuerpo.

―Pero eso lo ha visto el doctor.

―Sí, es por lo mismo, por las plaquetas bajas, por eso me dan transfusiones.

―¿Pero no se puede hacer nada ahora?

―No, desparecerá pronto.

En ese momento entraron María Elena y Adolfo, Vania entró atrás.

―Hola, amiga―saludó Vania con un beso en la mejilla a Esteban y a Sofía―, ¿cómo estás?

―Más o menos ―contestó ella.

―Quería verte, por eso vine ―exclamó Vania.

―Qué bueno que estés aquí.

―Venía también a saber si sigue en pie lo de mañana. ―Vania sabía que a su amiga le gustaba estar con sus amigos, pensaba que, si le hablaba de eso, la animaría un poco.

―Sí, yo creo que mañana me sentiré mejor, debiera ser así.

Desde el almaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora