―Mamá, papá ―habló Sofía con lágrimas en los ojos―, yo los he visto llorar, solos los dos, y eso me apena mucho. Como dice la Sole, yo sé que se hacen los fuertes conmigo, pero sé que por dentro están sufriendo mucho. Es verdad que todo esto a mí me da mucho miedo, pero hoy me he sentido mejor y ese miedo va desapareciendo. Si pienso en el futuro, me pregunto si sanaré o moriré y eso me da miedo, pero si pienso solo en el día que estoy viviendo, me saco toda esa angustia de encima. Vivamos así, un día a la vez, no pensemos en el futuro, si me voy quiero irme con la satisfacción de haber vivido cada segundo de mi vida.
―Sofi ―habló María Elena llorando―, no digas eso...
―Sí, mamá, necesito decirlo. Ustedes también saben que puedo morir, la muerte no debe ser tabú. Habrá momentos en los que tendremos que hablar de esto y quiero que lo hablemos de forma natural, como algo que puede pasar, como si mañana fuera a llover. Por eso quiero disfrutar cada segundo de mi vida, pero si ustedes quieren llorar, lloren conmigo, yo también lo hago y lo hago sola...
―Haremos eso, hija ―aceptó Adolfo secándose las lágrimas―, no te dejaremos fuera de nuestro dolor.
Estaban y Soledad también lloraban.
―Necesitábamos esta conversación ―habló otra vez Adolfo―, gracias, Sole, por hacernos entender tantas cosas.
―Todos lloramos solos y cada uno de nosotros nos hacemos los fuertes delante del otro cuando deberíamos abrazarnos y llorar juntos ―admitió María Elena.
Se abrazaron los tres llorando. Soledad abrazó a Esteban, que también lloraba.
―Bueno ―habló Adolfo―, de ahora en adelante estaremos más unidos y hablaremos de lo que sentimos sin ocultar nada, muchas gracias, Sole.
―Gracias, mi niña. ―María Elena abrazó a Soledad.
―Tranquila, tía, siempre estaremos con ustedes.
―Gracias, hija ―exclamó Adolfo.
―Gracias, Sole. ―Sofía la abrazó.
―Sabes que siempre puedes contar conmigo.
Esteban se secó las lágrimas, no sabía que decir, esa conversación lo dejó sin palabras.
―Ya ―ordenó Sofía―, ahora a comer, a disfrutar el momento.
―Sí ―dijeron todos.
Estaba todo exquisito, los pastelitos y el sushi, no era muy buena la combinación, pero daba lo mismo, era lo que unos y otros querían.
Mientras se servían hablaron del viaje del martes.
Estaban todos contentos y querían que llegara luego el día en que se fueran.
En la noche, Fer llamó a Esteban, este salió al jardín a hablar con su amigo.
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Desde el alma
RomanceSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
