―Mira, Fer ―dijo una tarde Sofía, mostrándole su brazo―, apareció otro moretón.
―¿Te duele? ―se preocupó él.
―No. Aparecen y desaparecen. Es por los glóbulos y las plaquetas, cuando están bajas.
―¿Y qué hay que hacer?
―Nada. Estos moretones aparecían antes de que supiera que tenía leucemia, por eso fui al médico, por que aparecían y desaparecían y entonces la descubrieron, aparte de otros síntomas.
―¿Has tenido fiebre?
―No, pero anoche me sangró la nariz.
―Mi amor, vas a salir de todo esto, yo te voy a ayudar, no tengas miedo.
―Abrázame, Fer, abrázame fuerte.
Fer la tomó entre sus brazos y la abrazó. Ella sentía que él le daba vida con cada abrazo. Lo necesitaba tanto.
―Fer, quiero pedirte algo.
Estaban en la playa, el viento volaba un poco su cabello y a ratos cubría su cara. Él sacó el cabello del rostro de Sofía y la miró.
―¿Qué quieres, mi amor?
―Quiero... ―Ella sonrió.
―¿Qué? ―Fer la miraba con una ternura que la desarmaba.
―Quiero estar contigo, mi amor.
―¿Estás segura? Yo no quiero presionarte a nada, preciosa.
―Estoy segura, quiero que me hagas el amor ahora, quiero vivir nuestro amor plenamente.
―¿Ahora? ¿No te vas a arrepentir?
―No, mi amor, jamás me voy a arrepentir.
―Te lo vuelvo a preguntar, ¿estás segura?
―Sí, mi amor―insistió ella besándolo en los labios apasionadamente―, quiero ahora.
Ella lo desarmaba, esa chica se le había metido hasta los huesos.
―¿Vamos a mi departamento?
―Sí, vamos ―respondió ella rotunda.
Subieron al auto y fueron al departamento de Fer. Cuando entraron él le dijo.
―Preciosa, quiero que sepas que nunca ha venido aquí ninguna mujer, solo tú. Quería que lo supieras.
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Desde el alma
DragosteSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
