―¿Qué te puedo contar? Aparte de vivir en aviones y hoteles y eso ya lo sabes.
―No, pero algo tendrás para contarme. ¿Cómo está ese corazoncito?
―Bien ―contó Fer que no quería hablar de eso, no era agradable―, estoy solo, trabajando.
―Pero no me vas a decir que en todo este tiempo no has tenido nada.
―Sí, algo he tenido por ahí, pero nada serio ni interesante de contar.
―¿No me vas a presentar a ninguna cuñis? ―preguntó Soledad, ansiosa―. ¿No vas a llegar con nadie?
―¡No! Ahora estoy enfocado en terminar bien mi trabajo, dejar a Gustavo bien establecido para poder quedarme tranquilo aquí.
―Es lo mejor que puedes hacer, Fer, quedarte acá. ¿Te sientes solo?
―A veces. La verdad es que uno se acostumbra a la soledad, no a ti ―festinó Fer―, a la soledad de estar solo.
―Lo sé, tonto―exclamó ella también riendo―, pero no debes acostumbrarte a la soledad, hermanito, no es bueno.
―Ya lo sé, pero allá no podía hacer más, tengo buenos amigos allá o, mejor dicho, buenos conocidos, pero no puedes estar todos los días con ellos.
―Eso es verdad, pero cuéntame más, aunque no sea importante.
―Es que no sé qué puedo contarte.
―Que hacías todos los días después del trabajo, por ejemplo.
―Trabajo hasta muy tarde, sobre todo ahora, luego como algo en el hotel y me voy a mi habitación, a veces nos juntamos algunos amigos-conocidos, otras veces salgo un rato a recorrer, a dar una vuelta y eso.
―Ya, pero cuéntame alguna aventurita ―insistió Soledad sonriendo.
―Bueno, sí, he salido con algunas chicas, no, mujeres, todas casi de mi edad, pero, así como aparecen, desaparecen ―confesó Fer―, no hay ninguna importante como para destacarla y contarte.
―Ya. ¿Y qué es lo que no quieres contar? ―insistió ella.
―¿Qué? ―preguntó Fer sorprendido.
―Eso, lo que tienes guardado.
―¿Cómo sabes? ―Él estaba más sorprendido aún.
Soledad guardó silencio. Aunque Fer pasaba muy poco tiempo con ellos, ella lo conocía, no por nada siempre fueron muy buenos amigos, fueron los viajes los que los alejaron, pero siempre fueron muy unidos y ella quería que siguiera siendo así. Soledad sabía que su hermano guardaba algo que lo lastimaba.
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Desde el alma
RomansSofía es una chica de veinte años universitaria, que se dedica solo a estudiar hasta que un día le descubren una terrible enfermedad y entonces se da cuenta de que su vida ha transcurrido entre estudios y libros y no ha vivido la vida de verdad. Pas...
