La sangre me hierve solo de pensarlo. Que Bearman se haya atrevido a proponerle algo así a Lucía me quema por dentro, como si se estuviera burlando de todo. De nosotros, de ella, de lo que significa nuestra familia. Es como si no tuviera límites, como si no respetara nada ni a nadie.
Lucía está conmigo ahora. Tiene la cabeza recostada en mi pecho, y yo acaricio suavemente su cabello mientras ella desliza su dedo por la pantalla del teléfono, viendo fotos de los niños. Se ríe suavemente al ver una donde Alex está cubierto de pintura, y Carlos tiene un gesto de indignación infantil, pero yo apenas puedo concentrarme en las imágenes.
Lo único que anhelo con cada fibra de mi ser es que este maldito año termine. Unos meses más, y esa pesadilla se acabará. Mis hijos no tendrán que cargar más con un apellido que no les pertenece. No más Bearman. Solo el nuestro, el que deberían haber tenido desde el principio.
Lucía se mueve ligeramente, levantando la mirada hacia mí.
—¿Estás bien? —me pregunta, con esos ojos que siempre parecen saber lo que estoy pensando.
Asiento, tragándome la rabia.
—Solo estoy pensando en lo que viene.
Ella me sonríe, pero su mirada se vuelve seria por un instante, como si entendiera exactamente a qué me refiero. Vuelve a recostar la cabeza en mi pecho, y yo cierro los ojos, tratando de calmarme. Pero no puedo evitarlo. Bearman cruzó una línea que no tenía derecho a cruzar, y por eso, no hay vuelta atrás.
El silencio entre nosotros es cómodo, pero mi mente no se detiene. Pienso en cada momento que Lucía tuvo que aguantar estando al lado de Bearman, fingiendo para proteger a nuestros hijos. Todo por mi culpa. Si no hubiera sido tan ciego, si no la hubiera perdido...
—Carlos —su voz me saca de mis pensamientos.
—¿Sí?
Lucía se incorpora un poco, dejándome ver su rostro. Está tranquila, pero hay algo en sus ojos, una mezcla de cansancio y determinación.
—No quiero que te preocupes por Oliver —dice, y aunque su tono es suave, hay una firmeza que no puedo ignorar—. Yo sé manejarlo.
Respiro hondo, tratando de contener la mezcla de ira y frustración que me consume cada vez que pienso en él.
—No es eso, Lucía. No es que no confíe en ti. Es él. No tiene límites. Se atreve a proponerte… eso, sabiendo lo que significa para nosotros. Sabiendo lo que siento por ti.
Ella baja la mirada por un momento, jugando con el borde de la manta que cubre nuestras piernas.
—Oliver no va a cambiar, Carlos. Pero no importa lo que haga o diga. Yo estoy aquí contigo.
Quiero creerle. Quiero concentrarme solo en este momento, en cómo se siente tenerla a mi lado. Pero la rabia sigue ahí, latente, recordándome lo cerca que estuvo Bearman de arruinarlo todo otra vez.
—Quiero que este sea nuestro último año con él en nuestras vidas —digo finalmente, mi voz baja, pero cargada de intención—. Quiero que nuestros hijos tengan lo que les pertenece. Quiero darles el apellido Sainz, Lucía.
Ella me mira, y por un segundo, parece sorprendida. Luego asiente lentamente.
—También quiero eso, Carlos. Pero no quiero que te obsesiones con esto. Lo más importante es que ellos estén bien, y que nosotros estemos bien.
La miro fijamente, y en ese momento, todo lo demás se desvanece. Solo ella y yo.
—Vamos a estar bien —le aseguro, inclinándome para besar su frente—. Te lo prometo.
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Quiero que me mires- Carlos Sainz
FanfictionLucía Garrido, la nueva relaciones públicas de Carlos Sainz, entra con entusiasmo en el glamuroso escenario del Gran Premio de Mónaco, listo para sumergirse en el vertiginoso mundo de la Fórmula 1. Su admiración por Carlos es palpable, pero la eufor...