La confesión de Kathryn flotaba en el aire como una niebla espesa, envolviendo todo en una tensión imposible de ignorar. Claire, aún aturdida, apenas podía procesar la magnitud de lo que acababa de escuchar. Pero entre el caos de sus pensamientos, algo profundo y firme comenzó a brotar en su interior: una determinación inquebrantable.
No podía mirar a Kathryn y simplemente dar la espalda. No cuando sabía cuánto había soportado. No cuando había visto el miedo y la vulnerabilidad en sus ojos, esa carga que parecía aplastarla. Esa carga en la que ella se había involucrado inconscientemente. Claire dio un paso hacia ella, el corazón latiéndole con fuerza, pero sin dudas en su voz.
—Kathryn... —susurró con firmeza.
La mujer levantó la vista con cautela, como si temiera lo que Claire pudiera decir. Era la primera vez que Claire la llamaba por su nombre, y eso parecía atravesar las barreras que había erigido con tanto cuidado.
Claire avanzó un poco más, rompiendo la distancia entre ellas hasta quedar frente a frente. Su determinación superaba cualquier miedo.
—No tienes que seguir haciendo esto sola. —Claire buscó sus ojos, su voz calmada pero firme—. Entiendo lo complicado que es, el peligro que representa. Sé que no quieres involucrarme más, que piensas que es demasiado para mí. Pero ya estoy dentro, Kathryn. Y no creo que pueda retroceder.
Kathryn negó con la cabeza, dando un paso atrás, como si intentara protegerla incluso en ese momento.
—Claire, no entiendes lo que estás diciendo. Esto no es un juego. Mi marido, Delacroix... no se detendrán. Son hombres peligrosos. No quiero que termines como... como ella. No puedo permitirlo.
—No les tengo miedo. —La respuesta de Claire fue inmediata, más segura de lo que jamás había estado en su vida—. No me voy a quedar quieta mientras ellos controlan todo, mientras sigues cargando con algo que no te corresponde. Y mucho menos sabiendo que estoy involucrada.
El silencio entre ellas se volvió pesado, lleno de emociones contenidas. Claire dio un paso más hacia Kathryn, desafiando sus intentos de mantenerla a distancia.
—No estás sola. —La voz de Claire se quebró ligeramente, pero no retrocedió—. Juntas podemos enfrentarlo. No tienes que seguir viviendo con esto. No tienes que cargar con todo tú sola. Puedo ayudar.
Kathryn se quedó inmóvil, sus labios entreabiertos como si quisiera responder, pero las palabras no llegaban. Sus ojos reflejaban una mezcla de incredulidad y algo que parecía esperanza, tenue pero presente.
Claire, sintiendo que el momento pedía más de ella, extendió las manos y tomó las de Kathryn. Fue un gesto impulsivo, pero lleno de significado.
—No importa lo que digas, no voy a dejarte sola en esto. Y no te equivoques: no estoy aquí por lástima ni por obligación. Estoy aquí porque quiero estarlo. Porque... —Claire tragó saliva, sus palabras saliendo con más sinceridad de la que jamás había mostrado—. Porque me importas.
Los ojos de Kathryn se abrieron con sorpresa, y Claire sintió un nudo en el estómago, pero no se detuvo.
—No sé exactamente qué siento por ti. No voy a decir que estoy enamorada, porque no creo que sea válido. Pero sí sé que me atraes, Kathryn. Y no solo por lo que hemos compartido, sino porque desde el primer momento en que te vi, supe que eras increíble. Que eras alguien que no podía ignorar.
Kathryn parpadeó, claramente afectada por lo que acababa de escuchar. Durante un instante, pareció buscar algo que decir, pero sus palabras quedaron atrapadas en su garganta. Claire sostuvo su mirada, dejando claro que no iba a retroceder.
—Sé que tienes miedo. Y sé que esto no es fácil. Pero si algo tengo claro, es que no voy a dejar que el miedo controle lo que hagamos a partir de ahora. Porque ya no es lo que tú hagas. Ahora yo también estoy en esto y no voy a dejar que ellos ganen. No voy a dejar que pases eso otra vez. Ni que me hagan a mí.
La tensión en el aire era casi palpable, pero Kathryn, por primera vez, dejó que sus hombros se relajaran. Su rostro mostró una vulnerabilidad que Claire jamás había visto antes, una rendición momentánea a la confianza que ella le ofrecía.
—Claire... —Kathryn susurró, pero las palabras parecían escapársele. Finalmente, soltó un largo suspiro, como si estuviera soltando años de peso acumulado. —No sé si estoy lista para enfrentarlo. No sé si puedo...
Claire apretó suavemente las manos de Kathryn, asegurándose de que entendiera lo que estaba a punto de decir.
—No importa si no estás lista. Yo sí. Y lo importante es que no tienes que hacerlo sola.
Por primera vez, Kathryn dejó escapar una sonrisa breve, tenue, pero sincera.
—Gracias... —dijo, su voz apenas un murmullo.
No era una promesa de que todo estaría bien. No era una rendición completa al optimismo. Pero en esos momentos, Claire sabía que había logrado algo importante: había encendido una chispa de esperanza en Kathryn, algo que ninguna confesión de miedo o peligro podría apagar fácilmente.
Y aunque el futuro era incierto y las amenazas seguían presentes, Claire sintió que juntas podrían enfrentarlo. Porque a partir de ese momento, ya no eran dos almas solitarias navegando en la oscuridad. Ahora, tenían algo que ninguna amenaza podría arrebatarles: la certeza de que no estaban solas.
ESTÁS LEYENDO
GUILTY AS SIN?
RomansClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
