La semana siguiente, Claire no pudo apartar de su mente los acontecimientos recientes. Kathryn la estaba evitando, y cada gesto suyo parecía cargado de una inquietud que Claire no lograba descifrar. El recuerdo del libro y las palabras de advertencia escritas en él la perseguían. Algo oscuro y desconocido estaba sucediendo, y Claire no podía ignorarlo.
Una tarde, mientras caminaba por el edificio principal, la vio. Kathryn estaba al final del pasillo, hablando con unos estudiantes. Desde la distancia, Claire notó que algo no cuadraba: la profesora, siempre segura y tranquila, parecía inquieta. Su postura era tensa, su mirada más alerta de lo habitual. Cuando sus ojos se encontraron, Kathryn se detuvo, como si hubiera estado esperando este momento.
—Rousseau —dijo con frialdad al acercarse—. ¿Podemos hablar un momento?
La voz de Kathryn era firme, pero había una urgencia subyacente que Claire no pasó por alto. Sin dudar, asintió, siguiéndola hasta una pequeña sala vacía. Kathryn cerró la puerta tras ellas y se giró, el rostro marcado por una tensión que Claire nunca antes había visto.
—Sé que te he estado evitando —dijo Kathryn sin rodeos—. Y sé que tienes preguntas. Pero tienes que entender que hay cosas que no puedo decirte.
Claire cruzó los brazos, sintiendo cómo la frustración burbujeaba en su interior. —Esto tiene que ver con el libro, ¿verdad? ¿Qué es lo que no quiere que sepa?
La profesora suspiró, llevándose una mano al puente de la nariz. Cuando habló de nuevo, su tono era más bajo, casi como si temiera que alguien las escuchara. —Es peligroso, Claire. Más de lo que imaginas. Si sigues investigando, te pondrás en una posición que... no podrás manejar.
El corazón de Claire latió con fuerza ante la gravedad de sus palabras. —Entonces dígame la verdad. ¿Por qué está tan asustada? ¿Qué sabe usted que yo no?
Kathryn la miró durante un largo instante, su rostro una mezcla de preocupación y algo más... algo que Claire no podía identificar. —Alguien te está utilizando. Ese libro no llegó a ti por casualidad. No puedo permitir que te involucres más.
Claire sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Aunque las palabras de Kathryn eran vagas, la intensidad de su tono le dejó claro que el peligro era real. Pero Claire no estaba dispuesta a retroceder.
—No voy a detenerme. Si alguien quiere que descubra esto, entonces es porque yo tengo que hacerlo. Si usted no me dice la verdad, la encontraré por mi cuenta.
El silencio que siguió fue casi ensordecedor. Kathryn la miró, y en sus ojos había una tormenta de emociones: miedo, frustración, e incluso vulnerabilidad. Por un momento, pareció querer decir algo más, pero en lugar de eso, se giró hacia la puerta.
—No lo hagas, Rousseau. No sigas con esto. Te lo advierto.
Con esas palabras, salió de la sala, dejándola sola, atrapada en un torbellino de preguntas y una sensación de que algo mucho más grande estaba a punto de suceder.
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GUILTY AS SIN?
RomansaClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
