El día había sido extraño desde el principio. Claire había llegado temprano a la universidad, esperando ver a Kathryn en su oficina o en algún pasillo, pero no había ni rastro de ella. Intentó ignorarlo al principio, diciéndose que tal vez estaba ocupada con algo, pero cuando Rachel entró a su clase y anunció que la profesora Mills había faltado por problemas personales, algo en su pecho se tensó.
Kathryn estaba perfectamente bien esa mañana.
Algo no cuadraba.
La inquietud se quedó con ella durante todo el día. Apenas prestó atención en clase, su mente daba vueltas, intentando encontrar alguna explicación lógica. Tal vez solo necesitaba un descanso. Tal vez...
Pero entonces, su teléfono vibró.
Kats: Nos vemos en la biblioteca a las 21:00.
Claire frunció el ceño.
Era raro. Muy raro. Kathryn no le pedía verse en la biblioteca. Y mucho menos a esa hora.
Apretó los labios, con el dedo sobre la pantalla, considerando si debía responder. ¿Por qué tan tarde? ¿Por qué en la biblioteca? Pero al final, decidió no sobrepensarlo. Era Kathryn.
Esperó.
Las horas pasaron lentas. El sol comenzó a bajar, y la universidad se fue vaciando poco a poco. Cuando llegó el momento, Claire se dirigió a la biblioteca, pero el bibliotecario ya estaba cerrando.
—Por favor. —suplicó Claire.— necesito quedarme un poco más.
—Claire, no puedes-
—Rachel, Porfavor. —insistió, mirando a su preceptora/amiga.— Es importante.
Rachel la miró en silencio por unos segundos, y finalmente suspiró.
—Bien. Pero no te quedas más de las 22:00pm.—advirtió. — y Porfavor, no causes problemas.
Claire asintió de inmediato.
La biblioteca estaba en completo silencio. Las luces tenues iluminaban las filas de estanterías vacías, proyectando sombras largas y pesadas. Claire tamborileaba los dedos contra la mesa, revisando su teléfono cada pocos segundos. Nada.
Las 21:10.
Le envió un mensaje a Kathryn.
Claire: ¿Dónde estás? Ya estoy en la biblioteca.
Esperó. Vio los tres puntitos de escritura aparecer. Luego desaparecer. Nada.
Su incomodidad creció.
Las 21:30.
Claire suspiró y se levantó, tomando su chaqueta. Algo estaba mal. Kathryn nunca hacía estas cosas. No la haría esperar tanto sin razón. No cuando era ella quien había pedido que se vieran.
Decidida a irse, se dirigió a la puerta. Pero justo cuando estiró la mano para abrirla, la puerta se abrió de golpe.
Antes de que pudiera reaccionar, una mano grande y áspera le cubrió la boca.
Claire abrió los ojos con sorpresa y trató de moverse, pero otra mano atrapó sus muñecas y las retorció detrás de su espalda, inmovilizándola. Un olor a cigarro y perfume barato la invadió.
—Tranquila, niña. —susurró una voz rasposa en su oído.
Delacroix.
Claire forcejeó con todas sus fuerzas, gruñendo contra la mano que la silenciaba.
Pero entonces se quedó inmóvil cuando vio a alguien más entrar por la misma puerta.
Connor.
Y no venía solo. En su mano, sujetaba fuertemente a Kathryn.
Claire sintió su sangre helarse al instante.
Kathryn tenía los labios partidos, un pequeño corte en la ceja y la camisa arrugada. No se veía gravemente herida, pero su expresión... Dios, su expresión.
Claire jamás la había visto así. Temblando. Con miedo real en sus ojos.
—Buenas noches, Claire. —dijo Connor con una sonrisa depredadora. Su tono era casual, casi entretenido. Como si nada de esto fuera más que un simple juego para él. —Nos volvemos a ver las caras.
Delacroix afianzó su agarre sobre ella, asegurándose de que no pudiera moverse.
Claire sintió que el pánico empezaba a burbujear en su interior, pero lo reprimió. No. No podía perder el control.
Miró directamente a los ojos de Kathryn, intentando descifrar qué demonios estaba pasando.
Y lo que vio en ellos solo confirmó lo que ya temía.
Estaban jodidas.
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GUILTY AS SIN?
RomansaClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
