El sol se escondía detrás de los árboles, bañando el campus en un suave resplandor dorado mientras las hojas caían lentamente al suelo. En uno de los rincones más aislados del jardín, Claire y Lena estaban sentadas en silencio. La tranquilidad del lugar contrastaba con la tensión que colgaba entre ellas.
Claire miraba al horizonte, luchando con sus pensamientos. Sabía que, tarde o temprano, tendría que hablar. Lena, siempre paciente, esperaba. Había algo en la forma en que Claire la evitaba últimamente que le daba una corazonada. Aún así, no estaba preparada para lo que Claire estaba a punto de decir.
—Hay algo que necesito contarte. —dijo Claire finalmente, su voz cargada de duda.
Lena asintió con suavidad. —Te escucho.
Claire tardó un momento en responder. Su mirada se encontró con la de Lena, y por un instante pareció vacilar, pero luego las palabras salieron, firmes y sin vuelta atrás.
—La persona de la que te hablé... es Kathryn. La profesora.
Lena se quedó en silencio. Su rostro no mostró sorpresa, pero sus ojos brillaron con una mezcla de emociones. Claire suspiró profundamente, como si soltar aquello hubiera sido el acto más difícil de su vida.
—No planeé sentir esto por ella, Lena. Fue algo que simplemente sucedió. Al principio, pensé que era admiración o respeto, pero ahora... —Claire se detuvo, mordiéndose el labio—. Hay algo entre nosotras, algo que no puedo ignorar, aunque sé que está mal.
Lena miro al frente, sintiendo un peso extraño en el pecho. La confesión de Claire era un golpe directo a los sentimientos que ella misma había confesado.
—¿Y ella? —preguntó Lena, intentando que su voz no revelara la marea de emociones que la sacudía.
—Ella también siente algo. —admitió Claire, con un susurro casi inaudible—. Pero hay tanto en su vida... cosas de su pasado, cosas que ahora también me afectan. Es complicado, Lena. Su esposo apareció el otro día, y no es lo que parece. Él... es peligroso. Y sé que estoy en peligro también, por ella. Por lo que somos.
Lena la escuchó, cada palabra como una herida que se abría lentamente, pero aun así mantuvo una expresión serena. Cuando Claire terminó, Lena dejó escapar un largo suspiro, como si estuviera soltando algo que había llevado dentro durante mucho tiempo.
—Es demasiado complicado. —dijo Lena abriendo los ojos, la sombra de su dolor apenas visible. — No sé qué tan loca de la cabeza estás para seguir allí. —soltó una risa suave. — Te debe gustar mucho la profesora... de todas formas, quiero que sepas, a pesar de mis sentimientos por ti. Si Kathryn te hace feliz. Si quieres luchar por ella contra su marido... asesino... quiero que sepas que voy a apoyarte. Siempre. Sin importar que. Eso hace la gente que te quiere.
Claire la miró con asombro, sin poder ocultar la gratitud que sentía. Sabía que esas palabras no eran fáciles de decir, y mucho menos de sentir.
—Lena... no sé cómo agradecerte. Yo también te quiero. Demasiado.
Lena negó con la cabeza, sonriendo con suavidad. —No necesitas hacerlo. Solo prométeme que serás cuidadosa. No quiero perderte.
Antes de que Claire pudiera responder, una voz conocida rompió la calma.
—¿Puedo interrumpir? —Kathryn apareció detrás de ellas, su tono neutral, pero sus ojos reflejando algo más profundo. —Claire, ¿puedes venir conmigo un segundo?
Lena la observó un momento, pero no hubo resentimiento en su mirada. En lugar de eso, se levantó con una sonrisa tranquila, recogiendo sus cosas.
—Creo que es mi señal para dejarlas solas. —dijo, mirando a Claire—. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme.
Claire sostuvo su mirada, leyendo la sinceridad en sus palabras. —Gracias, Lena. De verdad.
Lena asintió una última vez antes de alejarse, dejando a Claire con Kathryn.
Kathryn caminaba rápido, casi arrastrando a Claire por los pasillos. Claire trataba de mantenerle el paso mientras esquivaban miradas curiosas de estudiantes. Finalmente llegaron a la oficina de Kathryn, y la profesora abrió la puerta de un tirón, empujando a Claire dentro. Cerró detrás de ellas con un movimiento brusco y se quedó allí, apoyada contra la puerta, respirando profundamente.
Claire la observó, su corazón latiendo con fuerza. Algo en la forma en que Kathryn la miraba, con una mezcla de emoción y vulnerabilidad, la dejó sin palabras.
De repente, Kathryn cruzó el espacio entre ellas y envolvió a Claire en un abrazo firme, escondiendo el rostro en su cuello. Fue un gesto inesperado, pero lleno de ternura.
—¿Kathryn? —susurró Claire, apoyando las manos en su espalda—. ¿Estás bien?
—Shh. Solo... déjame abrazarte. Y cállate.
Claire sonrió suavemente, sintiendo cómo su corazón se derretía ante la vulnerabilidad de Kathryn. La profesora, siempre tan controlada, se aferraba a ella con una calidez que no había mostrado antes.
—Eres increíblemente tierna cuando quieres, ¿sabes? —bromeó Claire, acariciándole la espalda.
Kathryn dejó escapar una pequeña risa contra su cuello, y Claire sintió cómo sus labios se curvaban en una sonrisa. En ese momento, ambas dejaron de preocuparse por lo que vendría después. Por ahora, solo estaban ellas dos, juntas, en la pequeña burbuja que habían construido en medio de un mundo caótico.
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GUILTY AS SIN?
RomansaClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
