Capítulo 63

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La noche en casa de Claire estaba impregnada de una sensación de nostalgia y silenciosa reflexión. Kathryn se encontraba tumbada en el sofá, mirando al vacío, sintiendo el peso de todo lo que había sucedido. Cada vez que su mente regresaba al pasado, se sentía culpable por el daño que le había causado a Claire. Lo había hecho pensando que era lo correcto, para protegerla, pero el arrepentimiento ahora la ahogaba. Sabía que no podía borrar sus acciones, pero deseaba poder haberlas manejado de otra manera.

Claire, por su parte, intentaba no hacer demasiado ruido mientras observaba a Kathryn. La mujer que una vez fue tan imponente, ahora se veía tan vulnerable, tan quebrada. Claire entendía que detrás de todo eso había una historia de sufrimiento y desesperación, y no podía evitar sentir una mezcla de compasión y frustración por no haber sido capaz de protegerla lo suficiente. A pesar de todo.

El ambiente en la casa estaba cargado de una tranquilidad inusual, hasta que un fuerte golpe en la puerta rompió el silencio. Una voz masculina, grave y amenazante, penetró en la noche. —¡Ábreme, pequeño gusano! ¡Sé que está ahí adentro! ¡Devuélveme a mi esposa o juro que las mato a las dos!

Kathryn, al escuchar la voz de Connor, se tensó instantáneamente. Su rostro palideció y sus ojos se llenaron de pánico. Las lágrimas comenzaron a brotar, y su cuerpo entero empezó a temblar de miedo. No quería volver a enfrentarse a él, no podía hacerlo. No ahora.

Claire la miró, sus ojos llenos de determinación, pero también de suavidad. Se acercó a ella rápidamente, tomando sus manos en las suyas. —Tranquila. Todo va a estar bien. —Le dijo con firmeza, tratando de calmarla, a pesar de que ella misma también sentía la presión de la amenaza.

Claire dio un último vistazo a Kathryn y luego se dirigió a la cocina con rapidez. Abrió el cajón, sacó una cuchilla y la sostuvo con seguridad en sus manos. No iba a permitir que Connor se saliera con la suya. No después de que Kathryn le haya confiado su propia seguridad.

Al abrir la puerta, Connor estaba allí, en el umbral, mirando con furia, su rostro marcado por la rabia. Claire lo observó detenidamente, el miedo se había transformado en una feroz determinación. Justo cuando él intentó dar un paso hacia ella, Claire levantó la cuchilla, apuntándola a su rostro con tal firmeza que hizo que Connor retrocediera, sorprendido por la amenaza inesperada.

—No te acerques más. Si intentas pasar, te prometo que no dudaré en usar esto. —dijo Claire, su voz firme y clara.

Connor la miró, sin poder ocultar su frustración, y en un arrebato de furia, intentó lanzarse hacia ella. Pero Claire estaba lista. Se movió con rapidez, bloqueando su camino, manteniendo la cuchilla a la vista, lista para defenderse. —¡No la toques! — gritó, impidiendo que se acercara a Kathryn, que se había quedado atrás, aterrada. —No te acerques a ella.

Connor intentó desafiarla, pero Claire no se dejó intimidar. Su postura era inquebrantable, su mirada fija en él, llena de furia controlada. Cuando vio que no iba a lograrlo, Connor finalmente se dio por vencido. —Esto no ha terminado, Claire. No creas que te saldrás con la tuya. No tienes idea en donde te estás metiendo. Voy a detruirte. —Con esas palabras, dio media vuelta y se alejó, perdiéndose en la tormenta de la noche.

Claire cerró la puerta con fuerza, asegurándose de que estuviera bien cerrada. Luego, se giró para encontrar a Kathryn, que la miraba con los ojos llenos de terror. Claire no dijo nada al principio, solo la miró y se acercó a ella, sabiendo que el miedo de Kathryn no desaparecería tan fácilmente.

—Kats... —dijo, usando aquel apodo que le había dado a Kathryn, y que siempre lograba calmarla. —Ya pasó. Ya se fue. Todo está bien. Estoy aquí.

Kathryn, con los ojos llenos de lágrimas, se lanzó a los brazos de Claire, dejándose llevar por el alivio y la necesidad de sentirse segura. Lloró, sin poder detenerse, mientras Claire la sostenía con fuerza. Las palabras que Kathryn no podía decir quedaron en el aire, mientras sus sollozos llenaban el espacio. Claire, con su abrazo protector, se mantenía firme, sin soltarla.

—Todo va a estar bien, lo prometo. —dijo Claire, susurrando suavemente mientras acariciaba la espalda de Kathryn, tratando de calmarla. —Te voy a ayudar a salir de esto. No estás sola.

Kathryn asintió en silencio, aferrándose a Claire como si fuera su ancla en un mar de desesperación. Las lágrimas seguían cayendo, pero dentro de ella, algo empezaba a sanar, algo que solo Claire podía dar: un refugio seguro.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora