Era uno de esos atardeceres tranquilos en el campus, donde el cielo teñido de tonos rosados y morados abrazaba el horizonte, reflejando una calma que se sentía ajena al caos que a veces reinaba en la vida de Claire. Caminaban por el lugar, el aire fresco acariciando sus rostros mientras compartían una tarde sin prisa. Claire y Lena, como siempre, habían encontrado un refugio en su amistad.
Lena caminaba cerca de ella, los dos pasos de diferencia que solían mantener más por costumbre que por necesidad, pero en ese momento, el silencio entre ellas no parecía incómodo. Era una comodidad que se había construido a lo largo del tiempo, de pequeños momentos compartidos, de bromas y confidencias que no necesitaban más palabras para ser comprendidas.
—Nunca pensé que terminaríamos charlando sobre el significado de los pasteles en la historia de la humanidad. —Lena rompió el silencio con una risa suave, mirando a Claire, que la observaba con una sonrisa traviesa.
—Es que no todos entienden el valor cultural de un buen pastel, Lena. La historia de la humanidad está llena de pasteles importantes, ¿sabes? —Claire se detuvo brevemente, colocándose la mano sobre el corazón con exageración. —Imagínate cómo habrían sido las cosas sin ellos. No, no... No me atrevo a pensar en eso.
Lena se rió, su mirada fija en Claire, pero había algo diferente en sus ojos, una suavidad que Claire no había notado antes. Lena había estado callada durante un rato, y la sonrisa que solía acompañar cada conversación no estaba tan presente ahora. La vulnerabilidad, aunque sutil, se filtraba en la atmósfera, y Claire lo percibió al instante.
—¿Qué pasa? —preguntó Claire, alzando una ceja mientras caminaba junto a Lena, su tono juguetón suavemente desplazado por un leve interés.
—Nada. —Lena sacudió la cabeza, tratando de ocultar su incomodidad con una risa nerviosa. —Solo estaba pensando.
Claire no la dejó ir tan fácilmente. —Ya sabes que soy mala para no hacer preguntas. Así que, dime, ¿qué pasa?
Lena tardó un momento en responder, pero cuando lo hizo, sus palabras fueron directas y claras, como si ya no pudiera guardarlo más. —No es nada. Simplemente ya sabes... todo esto, es un poco difícil para mí. Tú sabes que me gustas. Y yo sé que te gusta Kathryn. Y es... extraño. Creo que aún no me acostumbro. No te lo estoy diciendo como reclamo, para que se entienda. Solo... me gusta admirarte. Eres mucho para este mundo.
El aire entre ellas pareció volverse más denso, y Claire sintió una punzada de incomodidad. No era la primera vez que Lena había mostrado sus sentimientos, pero la sinceridad con la que lo hacía ahora la tomó por sorpresa. Aunque Claire siempre había sabido lo que Lena sentía, el hecho de que fuera tan directa la dejaba sin palabras.
Claire se mordió el labio, pensativa, antes de soltar un suspiro con una sonrisa torcida. —Lena, ¿te has dado cuenta de lo increíble que eres? Eres... absolutamente genial. Tienes todo lo que alguien podría querer en una persona. Eres pura, inteligente, amable...
Lena la miró, el rubor cubriendo sus mejillas. —Ya, ya sé lo que estás a punto de decir.
—No, espera. —Claire levantó una mano, riendo por lo bajo. —Ojalá tuviera sentimientos por ti. Ojalá fuera más fácil. Porque de verdad, serías una novia increíble, Lena. Pero... ya sabes... no soy muy buena para las cosas fáciles.
Lena no pudo evitar sonrojarse aún más, y por un segundo, Claire sintió un nudo en su pecho. No le gustaba ver a Lena incómoda, y menos aún cuando se trataba de algo tan sensible. Pero en ese momento, Claire decidió seguir con la broma, con la esperanza de aligerar el ambiente.
—En serio, cualquier persona que no te elija a ti sobre tantas opciones, es una tonta. Soy una tonta. —Claire bromeó, guiñándole un ojo para restarle peso a la situación.
Lena rió con suavidad, el tono de su risa un poco amargo, pero al mismo tiempo lleno de aceptación. —Eres un caso perdido, ¿lo sabes?
Claire sonrió, su mirada fija en los ojos de Lena, como si quisiera que comprendiera lo que no podía decir con palabras. —Yo también te quiero, sabes. Eres una de las personas más importantes para mí, Lena. Y no quiero perder eso.
Ambas se quedaron en silencio por un instante, caminando una al lado de la otra, Claire tomó la mano de Lena entre la suya y le dio un ligero apretón, demostrándole que todo estaba bien. Claire sabía lo que sentía Lena, y aunque sus propios sentimientos nunca habían cruzado esa línea, nunca dejaría que eso afectara lo que compartían.
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GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
