Capítulo 26

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La tarde en la biblioteca transcurría con una calma inusual, interrumpida solo por el susurro de las páginas pasando y los pasos apagados de unos pocos estudiantes dispersos entre las mesas. Claire y Kathryn se habían refugiado en un rincón apartado, lejos de cualquier mirada curiosa. Aunque Kathryn había sugerido revisar juntas la presentación que Claire debía exponer en unos días, el ambiente serio y académico había sido rápidamente desarmado por la actitud irreverente de Claire.

—Dime otra vez por qué tengo que usar diapositivas aburridas, y no algo más creativo... como, no sé, títeres o sombras chinas. —Claire arqueó una ceja, disfrutando de la expresión incrédula que cruzaba el rostro de Kathryn.

—Porque quieres que te tomen en serio, no que piensen que estás haciendo un número de comedia. —respondió Kathryn, ajustando sus lentes de lectura con un gesto casi automático.

—Ah, claro, porque nada grita "profesionalismo" como un PowerPoint lleno de gráficos ilegibles. —Claire soltó una risa suave y se inclinó hacia Kathryn, su mirada llena de complicidad.

Kathryn intentó mantener la compostura, pero no pudo evitar que sus labios se curvaran en una sonrisa. —Si usas sombras chinas, te juro que no me haré responsable de las preguntas de tus compañeros.

—¿Eso significa que no me desaprobarías de inmediato? —Claire levantó una ceja, desafiando con una sonrisa juguetona.

Kathryn negó con la cabeza, luchando por mantener una fachada seria. —Eres imposible.

—Lo sé. —Claire se encogió de hombros, disfrutando de cada segundo.

Las risas se sucedían, cada comentario de Claire arrancando una reacción de Kathryn, quien, a pesar de sus esfuerzos por mantener la compostura, no podía evitar ceder ante la ligereza del momento. Pero entonces, un sonido de pasos acercándose rompió la burbuja que se había formado entre ellas.

Ambas alzaron la vista justo cuando el profesor Delacroix apareció entre los estantes, su mirada fijándose en ellas con una intensidad que inmediatamente tensó la postura de Kathryn.

—Profesor Delacroix. —dijo Kathryn, su tono cuidadosamente neutral.

—Profesora Mills. Señorita Rousseau. —El profesor asintió ligeramente, su expresión impasible. Su voz, aunque educada, llevaba un tono de intrusión—. Espero no estar interrumpiendo... algo.

—¿Interrumpiendo qué? —preguntó Claire, inclinándose hacia adelante con una sonrisa que desbordaba falsa inocencia—. ¿Nuestro profundo análisis sobre el PowerPoint? No se preocupe, profesor. Dennis Austin y Thomas Rudkin están bien. No creo que les moleste.

Delacroix la observó con una ceja alzada, claramente sorprendido por la insolencia. —Ah, el sarcasmo. Siempre me ha intrigado cómo los jóvenes lo usan para esconder inseguridades.

—¿Ocultar inseguridades? —Claire soltó una risa breve—. No sabía que eso era lo que estaba haciendo. ¡Gracias por el análisis, profe! Supongo que ahora tendré que encontrar otra forma de expresarme.

Kathryn, que había estado tensa todo el tiempo, no pudo evitar que una leve sonrisa se asomara en sus labios, aunque la incomodidad seguía dominando su postura.

—Quizás deberíamos seguir trabajando. —dijo Kathryn, su tono un tanto más firme, como si intentara calmar la situación antes de que se desbordara.

Pero Claire no estaba dispuesta a ceder tan fácilmente.

—Claro, profesora. Después de todo, tengo un ensayo que escribir. No puedo quedarme aquí escuchando los fascinantes comentarios psicoanalíticos de... alguien que probablemente nunca tuvo que escribir uno.

La sonrisa de Delacroix se volvió rígida, y sus ojos se estrecharon apenas. No obstante, después de un breve silencio, se encogió de hombros, como si no valiera la pena seguir la confrontación.

—Eres una joven muy peculiar, Claire. Espero que esa peculiaridad no te lleve a lugares indeseados. —Su tono fue suave, pero las palabras fueron como una sombra, llenas de una amenaza velada.

Claire lo miró fijamente, sin inmutarse. —Espero lo mismo de usted, profesor. Nunca se sabe quién realmente puede terminar en esos lugares. La vida da tantas vueltas.

El intercambio fue suficiente para que Delacroix decidiera irse. Con una última mirada a Kathryn, dijo con una sonrisa que no alcanzaba a llegar a sus ojos:

—Nos veremos pronto, Kathryn. Siempre es un placer.

Cuando los pasos de Delacroix se desvanecieron, Kathryn dejó escapar un suspiro que parecía haber estado conteniendo desde que el profesor apareció. Claire, por su parte, se recostó en su silla, relajada y triunfante.

Claire esperó unos segundos antes de mirar a Kathryn, quien parecía haber estado conteniendo la respiración durante toda la interacción.

—Bueno, ese fue un espectáculo. —Claire rompió el silencio con una sonrisa divertida.

Kathryn dejó escapar un suspiro, sus hombros relajándose ligeramente. Luego miró a Claire, y lo que vio la hizo sonreír, aunque no lo hubiera planeado. Claire estaba allí, tranquila, como si no le importara en absoluto lo que acababa de suceder, y eso la sorprendió más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—No entiendo cómo puedes ser tan... tú. —Kathryn dijo finalmente, su tono una mezcla de incredulidad y admiración.

Claire se encogió de hombros, su sonrisa resplandeciendo con la misma luz que un faro. —Es un talento, supongo. Pero no te preocupes, si alguna vez necesitas una lección de sarcasmo, estoy disponible.

Kathryn soltó una risa suave, sin poder evitarlo. Había algo en Claire que desarmaba sus defensas, algo que hacía que todo pareciera menos complicado, incluso cuando la situación claramente lo era.

—Gracias. —Kathryn dijo finalmente, su mirada volviendo a Claire con una calidez que rara vez dejaba ver.

—¿Por qué? —preguntó Claire, genuinamente curiosa.

—Por ser... —Kathryn buscó las palabras, y luego simplemente se rindió—. Por ser como eres.

Claire sonrió, y durante un breve pero significativo instante, ambas compartieron un silencio que no necesitaba ser explicado. Una conexión tácita que trascendía las palabras.

Pero, como siempre, fue Claire quien rompió el momento. —Bueno, volvamos a las diapositivas aburridas. No quiero que mi autenticidad arruine mi calificación.

Kathryn rió nuevamente, y por un instante, el resto del mundo fuera de esa biblioteca dejó de importarles.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora