Capítulo 32

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La noche llegó más rápido de lo que Kathryn esperaba. Las risas y conversaciones se habían extendido durante horas. Claire estaba sentada en el suelo con Olive en su regazo, acariciando distraídamente a la pequeña gata, mientras Kathryn permanecía en el sofá, con una taza de café casi vacía entre las manos.

La lluvia que había comenzado en la tarde seguía cayendo suavemente, acompañada de la oscuridad que rodeaba la casa. La atmósfera era tranquila, cálida, y tan lejos de todo lo que Kathryn conocía que se sentía como otro mundo.

Pero la realidad siempre encontraba la manera de colarse en los momentos felices. Kathryn miró el reloj en la pared y supo que era tarde. Su marido estaría esperando. Más que eso: estaría enfurecido. Sabía lo que pasaría si no regresaba pronto. Las amenazas, los reproches, la forma en que él siempre encontraba las palabras exactas para hacerla sentir pequeña, atrapada.

Sin embargo, su cuerpo se negaba a levantarse. No quería irse. No quería enfrentarse a su casa, a su vida. Quería quedarse aquí, donde todo parecía más sencillo, donde Claire estaba.

—¿Kats? —La voz de Claire la sacó de sus pensamientos.

Kathryn parpadeó, notando que Claire la observaba desde el suelo, con la cabeza ligeramente inclinada. La expresión relajada de siempre había sido reemplazada por una mirada curiosa y, quizás, preocupada.

—¿Estás bien?

Kathryn asintió lentamente, aunque sabía que Claire podía leer más allá de su respuesta.

—Sí, solo estoy... pensando.

—Eso es peligroso. —bromeó Claire, tratando de aligerar el ambiente. —Te va a salir humo de las orejas si sigues así.

Kathryn dejó escapar una risa ligera, pero no pudo evitar volver a mirar el reloj. El tiempo pasaba y con él la inevitable obligación de marcharse.

Claire la notó. Siempre la notaba. —¿Tienes que irte?

Kathryn abrió la boca para responder, pero las palabras no salieron. Por un momento, estuvo tentada a mentir, a decir que no tenía ninguna prisa, que podía quedarse todo el tiempo que quisiera. Pero ambas sabían que eso no era verdad.

—Supongo que sí.

—¿Supones? —Claire sonrió ligeramente, levantándose con Olive aún en brazos. —Eso no suena como un "sí" definitivo.

Kathryn bajó la mirada a su taza vacía, sintiendo un nudo en el estómago. Odiaba esto. Odiaba el peso constante de su vida, esa sensación de no tener control sobre su destino.

Claire dejó a Olive en el sofá y se acercó, inclinándose hacia ella para buscar su mirada. —Hey, Kats.

Kathryn levantó la vista, encontrándose con esos ojos llenos de calidez y sinceridad.

—Puedes quedarte, ¿sabes? —dijo Claire suavemente. —No tienes que ir a ningún lugar si no quieres.

Kathryn sintió que algo se rompía dentro de ella, un muro que había mantenido firme durante años. Pero las palabras de Claire no podían cambiar la realidad. Su marido estaba esperando. Delacroix estaba esperando. Ellos siempre estaban esperando.

—No es tan simple, Claire. —murmuró, su voz apenas un susurro.

Claire iba a responder, pero Kathryn se levantó repentinamente. Necesitaba moverse, hacer algo para calmar la tormenta en su cabeza. Caminó hacia la ventana y se quedó allí, mirando la lluvia caer en la oscuridad del bosque.

El silencio entre ellas se alargó, pesado, pero no incómodo. Claire no presionó, no preguntó nada más. Se limitó a recoger las tazas vacías y llevarlas a la cocina, como si darle a Kathryn ese espacio fuera lo único que podía hacer en ese momento.

Kathryn la observó desde la ventana, sintiendo cómo una mezcla de emociones la invadía. Claire era tan diferente. Tan libre, tan segura de sí misma. Y, sin embargo, había algo en ella que también la hacía vulnerable, algo que le hacía confiar en Kathryn de una manera que nadie más lo hacía.

Y eso era lo que la hacía querer quedarse.

Antes de pensarlo demasiado, antes de que la razón la detuviera, Kathryn cruzó la habitación en silencio, acercándose a Claire por detrás.

Claire estaba tarareando una canción que sonaba en su cabeza mientras lavaba las tazas en el fregadero, completamente ajena a la presencia de Kathryn.

Entonces, sintió unos brazos rodeándola por la espalda.

—¿Kathryn? —preguntó, sorprendida, girando ligeramente la cabeza para intentar verla.

Pero Kathryn no dijo nada. Cerró los ojos, apoyando la frente en el hombro de Claire, respirando profundamente. Claire se quedó quieta, confundida al principio, pero luego dejó las tazas y llevó sus manos a las de Kathryn, que la sujetaban con fuerza.

—¿Estás bien? —preguntó, suavemente esta vez.

Kathryn asintió contra su hombro, pero no se movió.

—No quiero irme. —murmuró finalmente. Su voz era baja, rota, casi inaudible.

Claire se giró despacio en sus brazos, obligándola a soltar el abrazo, pero quedándose cerca. Sus ojos buscaron los de Kathryn, pero ella mantenía la mirada en el suelo.

—Entonces no te vayas.

Kathryn negó con la cabeza. —No es tan simple.

—Siempre dices eso. —Claire tomó su rostro entre las manos, obligándola a mirarla. —No puedes seguir viviendo con miedo, Kats. No puedes seguir dejando que ellos dicten todo lo que haces.

Kathryn cerró los ojos, tratando de bloquear las palabras, pero el tono suave y decidido de Claire las hacía imposible de ignorar.

—Me quedaré esta noche. —dijo de repente, abriendo los ojos para mirarla.

Claire sonrió, apenas, pero lo suficiente para que Kathryn sintiera que quizás estaba tomando una decisión correcta, aunque fuera solo por una noche.

—Bien. —Claire volvió a su tarea, tarareando de nuevo como si nada hubiera pasado. Pero Kathryn se quedó allí, mirándola, sabiendo que algo había cambiado dentro de ella. Algo que no podía ignorar por mucho más tiempo.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora