Capítulo 59

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El viento suave acariciaba el rostro de Claire mientras permanecía recostada sobre el césped, observando las nubes con una serenidad que rara vez lograba experimentar. Sin Lena a su lado, el día se sentía un poco más silencioso, pero estaba agradecida por el momento de tranquilidad. Cerró los ojos, dejando que el murmullo de los árboles y el distante bullicio del campus la envolvieran.

Sin embargo, un sonido interrumpió su paz: pasos acercándose lentamente. Al abrir los ojos, la figura de Kathryn apareció contra el resplandor del sol. Claire parpadeó, sorprendida. Kathryn estaba allí, pero no como ella la recordaba. Su semblante era sombrío, sus ojos carecían de brillo, y parecía haberse encogido en sí misma, como si llevara el peso del mundo sobre los hombros.

—Hola, Claire. —saludó Kathryn, su voz apenas un susurro.

Claire se incorporó lentamente, apoyándose sobre sus codos, sin poder ocultar su desconcierto. —Kathryn... No sabía que habías vuelto.

Kathryn había desaparecido toda la semana sin explicación alguna. Algunos pensaban que estaba enferma. Otros que había renunciado a su trabajo. Y otros que estaba ideando un plan malévolo para acabar con todos.

Kathryn esbozó una sonrisa débil, más un reflejo automático que una expresión genuina. —Regresé hoy.

Hubo un silencio incómodo entre ambas, mientras Claire evaluaba la situación. Kathryn parecía tan distinta, tan vulnerable, que por primera vez en mucho tiempo, Claire no sintió ira ni resentimiento hacia ella, sino una curiosa mezcla de confusión y lástima.

—¿Estás bien? —preguntó finalmente Claire, sentándose por completo y mirándola con atención.

Kathryn dejó escapar una risa amarga mientras se dejaba caer al césped, sentándose a su lado. —¿Te parezco bien?

Claire no respondió de inmediato, incapaz de apartar la vista de las sombras bajo los ojos de Kathryn, de las marcas de cansancio que no podían ocultarse. Algo terrible había sucedido, eso era evidente.

—No he venido a incomodarte, si eso es lo que piensas. —continuó Kathryn, su mirada perdida en algún punto del horizonte. —Solo... necesitaba un poco de aire.

Claire asintió lentamente. Por alguna razón, no podía ser cortante con ella en ese momento. —Puedes quedarte. —murmuró, volviendo su mirada al cielo.

Pasaron unos minutos en silencio, compartiendo un espacio que, aunque incómodo, no era del todo hostil. Finalmente, Kathryn habló.

—Perdí a mi bebé.

Las palabras cayeron como una roca en el pecho de Claire. Se giró hacia Kathryn, incrédula, buscando en su rostro alguna señal de que no lo había escuchado bien.

—¿Qué? —susurró, la garganta cerrándosele.

Kathryn mantuvo la vista fija en el suelo, sus manos jugando nerviosamente con el borde de su chaqueta. —Hace dos semanas. Fue... fue Conno. —Su voz tembló al mencionar las palabras, como si apenas pudiera soportar decirlas.

Claire se quedó paralizada, procesando lo que acababa de escuchar. —¿Qué hizo? —preguntó, con un tono bajo pero lleno de tensión.

Kathryn cerró los ojos, como si revivir el momento fuera demasiado doloroso. —Me golpeó. —confesó. —Más fuerte de lo que lo había hecho antes. Supongo que perdió el control. Y yo... ni siquiera sabía que algo estaba mal hasta que... hasta que lo perdí.

Un nudo se formó en la garganta de Claire. Su mente se llenó de imágenes horribles, y su corazón se apretó ante la vulnerabilidad de Kathryn. Ella, que siempre había sido tan controlada, tan altiva, ahora estaba rota frente a ella.

—Kathryn... lo siento mucho.—dijo finalmente, su voz cargada de sinceridad.

Kathryn dejó escapar un suspiro tembloroso, sin atreverse a mirar a Claire. —No tienes por qué sentirlo. Sé que probablemente piensas que me lo merecía.

—No pienso eso. —respondió Claire con firmeza, moviéndose ligeramente para acercarse. —Nadie merece algo así.

Kathryn dejó escapar una risa amarga, limpiándose los ojos rápidamente con el dorso de la mano. —Es irónico, ¿no? Después de todo lo que hice para proteger a ese bebé, después de todo lo que sacrifiqué... lo perdí de la peor manera posible.

Claire no sabía qué decir. Las emociones se acumulaban en su pecho, un torbellino de compasión, tristeza y una confusa mezcla de resentimientos pasados que no sabía cómo manejar.

—¿Por qué me estás contando esto? —preguntó finalmente, su voz más suave de lo que esperaba.

Kathryn se giró hacia ella, y por primera vez en mucho tiempo, sus ojos encontraron los de Claire. Había tanto dolor en su mirada que Claire sintió que apenas podía sostenerla.

—No lo sé. —admitió Kathryn, encogiéndose de hombros. —Tal vez porque eres la única que está aquí. O tal vez porque no tengo a nadie más.

El peso de esas palabras golpeó a Claire con fuerza. Por mucho que quisiera odiarla, por mucho que deseara seguir adelante, no podía ignorar la humanidad de Kathryn en ese momento.

Sin decir una palabra, Claire extendió una mano y la colocó suavemente sobre la de Kathryn. Fue un gesto pequeño, pero significó mucho más de lo que cualquiera de las dos podía expresar en ese instante.

Ambas se quedaron así, sentadas en silencio bajo el cielo abierto, compartiendo un momento que, aunque marcado por la tristeza, también estaba lleno de una extraña sensación de tregua.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora