Claire caminaba por los pasillos de la universidad, el sol filtrándose tímidamente a través de las ventanas de las aulas. Su mente estaba llena de pensamientos sobre Lena, sobre cómo había cambiado su vida en tan poco tiempo. A medida que avanzaba, una sonrisa se formaba en sus labios, sin poder evitarlo. No sabía exactamente qué sentía, pero algo en su interior le decía que todo lo que había vivido con Lena había sido real, genuino. Estaba feliz, algo que había perdido de vista durante tanto tiempo.
El murmullo de los estudiantes a su alrededor desapareció cuando un agarre firme y frío la hizo detenerse en seco. Antes de que pudiera reaccionar, Kathryn la había tomado del brazo y la arrastró hacia su oficina. Claire intentó zafarse, pero no pudo. La puerta se cerró con un golpe sordo, y el sonido reverberó en la pequeña habitación.
Claire dio un paso atrás, mirando a Kathryn, quien estaba parada frente a ella con los ojos fríos y una expresión que Claire no reconoció. Durante el último mes, había evitado cualquier tipo de confrontación, había intentado alejarse, pero ahora no había escapatoria. Estaban allí, solas, mirándose.
—¿Qué diablos, Kathryn? —preguntó Claire, respirando de forma agitada. Sentía el corazón latir fuerte en su pecho, pero se mantenía firme. No iba a ceder ante esta situación.
Kathryn la observó en silencio, sus labios apretados, como si estuviera controlando algo interno, algo que no quería que Claire viera. Luego, con una expresión que podía cortarse con un cuchillo, dio un paso hacia ella.
—Cállate. —dijo Kathryn, levantando la mano como si no tuviera ganas de escuchar una sola palabra de su boca. Su voz estaba cargada de ira reprimida, algo que Claire no había visto antes. No era solo frustración, era desesperación. Era odio.
Kathryn comenzó a hablar rápidamente, las palabras fluyendo como si necesitara vaciar todo lo que había estado guardando durante el último mes.
—¿Qué, ahora van a ser unas felices novias? ¿Se van a casar en algún momento? —Kathryn la miró de arriba abajo, sus ojos llenos de desdén. —¿Eso es lo que estás buscando, Claire? ¿Una vida perfecta con tu nueva amiga? Porque déjame decirte que lo que tuvimos, no fue nada comparado con lo que tienes ahora. Lena te hace sonreír, te hace sentir especial, ¿verdad? —Kathryn hizo una pausa, mirando a Claire fijamente, esperando una respuesta. —¿Es eso lo que eres ahora? La chica feliz, que va de la mano con su mujer perfecta, mientras yo me quedo aquí, viendo cómo todo se desmorona?
Claire no pudo soportarlo más. La rabia se apoderó de ella, y se acercó a Kathryn con los ojos ardiendo de indignación.
—¡No tienes derecho a hablarme así! —gritó Claire, la voz firme y cargada de furia. —¡No tienes derecho a reclamarme nada! ¡Fuiste tú quien me destruyó! ¡Quien jugó conmigo como si fuera un puto juego de mesa! ¡No te hagas la víctima ahora Mills! ¿¡Qué mierda quieres de mi!? ¡Vienes un día, me dices que tienes sentimientos por mi, que no lo puedes evitar y me besas! ¡Luego me ignoras, me tratas como la mierda, me dices que estás embarazada, que soy un juego, que fui una mentira, que no valgo nada! ¡Y luego vienes como si nada, cuando me ves feliz, a decirme ¿qué carajos? Estás loca Kathryn, estas mal de la cabeza, no tienes idea de lo que haces ni de lo que quieres! ¿¡Qué mierda buscas de mi!?
Kathryn no retrocedió, sus ojos seguían fijos en Claire, pero había algo en su mirada que ya no era de enojo. Era algo más profundo, algo más doloroso. Claire, al verla, sintió un tirón en su pecho, algo que le decía que algo más estaba sucediendo. Pero no tenía tiempo para analizar eso ahora. No podía.
Kathryn se acercó un paso más, y Claire sintió cómo la presión aumentaba entre las dos. Las palabras que se quedaban sin decir parecían pesar en el aire. Y de repente, sin previo aviso, Kathryn explotó.
—¡Te amo! —gritó Kathryn, y la habitación quedó en un silencio sepulcral. Las palabras fueron como una bofetada, un golpe que Claire no pudo haber anticipado. —Te amo, Claire, y no sé cómo demonios hacer para que lo entiendas. No sé cómo demonios hacer para dejar de amarte. ¡Y tú estás allá, sonriendo con ella, olvidándote de todo lo que tuvimos! Se que la cague Claire, no lo hice a propósito, sé que no lo entenderás ahora. Se que no me entiendes ni lo hiciste antes. Pero te amo Claire. Lo digo de verdad.
Claire se quedó en shock, completamente paralizada. No podía creer lo que acababa de escuchar. Cada palabra de Kathryn parecía perforar algo en su interior, algo que había estado oculto durante tanto tiempo. Y, sin embargo, no sabía cómo responder.
Kathryn estaba temblando, la rabia transformada en algo más doloroso, más vulnerable. Sus ojos brillaban con lágrimas que no quería dejar caer. Claire la miró, un nudo en la garganta, sabiendo que en algún rincón de su corazón, sentía algo por Kathryn, pero ahora todo era confuso. Estaba herida, sí, pero también liberada de algo que nunca había podido entender completamente.
Finalmente, Claire dio un paso atrás. No tenía palabras, no sabía cómo continuar con esto. Todo se había vuelto tan complicado. Y lo que más le dolía era que, en ese mismo instante, lo que Kathryn había dicho había cambiado todo, pero no en la forma que Kathryn esperaba.
—Lo siento. —dijo Claire, con voz baja, finalmente encontrando algo que decir. —Lo siento, pero no puedo hacer esto contigo. No... no es lo que quiero... ya no.
Kathryn la miró, su rostro entre la ira y la tristeza, pero no respondió. Claire salió de la oficina rápidamente, el corazón latiendo fuerte, casi como si quisiera salir disparado de su pecho. Cuando cerró la puerta, se apoyó contra ella, respirando profundamente. Su mente estaba llena de pensamientos, de emociones contradictorias.
Había una parte de ella que sentía lástima por Kathryn, pero otra parte sabía que no podía seguir el camino que ella le había impuesto.
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GUILTY AS SIN?
Storie d'amoreClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
