Capítulo 77

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El aire en la biblioteca era espeso, casi irrespirable.
La única luz provenía de los fluorescentes del techo, parpadeando con un zumbido incómodo que llenaba el silencio.

Connor caminaba lentamente por el pasillo central, con una calma que resultaba enfermiza. Su sonrisa era casi amable, pero sus ojos delataban algo podrido.

—No sabes cuánto extrañaba esto —dijo, con un tono juguetón, como si hablara de una fiesta vieja—. Todo este tiempo intentando hacerte entender, Claire, pero parece que necesitabas... un poco más de motivación.

Delacroix soltó una risa grave detrás de ella, aún sujetándola por las muñecas.

—¿Qué demonios quieres? —escupió Claire entre dientes, su voz temblando apenas.

Connor arqueó una ceja, divertido.
—¿Yo? Nada que no me pertenezca ya.

Se acercó lentamente a Kathryn, que se mantenía quieta, la respiración entrecortada. Connor la tomó del brazo con fuerza, empujándola hacia una de las sillas.

—¡No la toques! —gritó Claire, pero Delacroix la empujó hacia atrás con facilidad.

Connor ignoró por completo su reclamo. Ató las muñecas de Kathryn a los brazos de la silla con un lazo grueso y áspero. Los nudillos de ella estaban enrojecidos de tanto temblar.

—¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó Claire, su voz cargada de furia contenida.

Connor se giró hacia ella, y la sonrisa que llevaba se volvió algo más... sincera. Casi triste.
—Porque tú y ella —dijo, señalando a Kathryn— cometieron un grave error.

Claire frunció el ceño.
—¿De qué estás hablando?

Connor soltó una risita, dio un par de pasos y colocó algo sobre la mesa más cercana.
Un libro. Viejo. Cuero gastado. El libro.
El mismo maldito libro que Claire había encontrado en el archivo meses atrás.

Su estómago se revolvió.
—El libro...

—Exacto. —Connor acarició la tapa con los dedos, como si estuviera tocando algo sagrado—. El famoso libro. El principio y el final de todo lo que te está pasando.

Claire se obligó a no mirar a Kathryn, aunque podía sentir cómo ella contenía la respiración.

—No aprendes nada, Rousseau. —Su voz se endureció de golpe—. El libro no le pertenecía a Kathryn. Pero tú tenías que mostrárselo. Tenías que dárselo a ella. ¿Creías que iba a salvarte, a cuidarte?

Claire soltó una risa amarga.
—¡Jamás te importó Kathryn! —

—¡Jamás tuviste que meter tus narices en mis cosas! —gruñó Connor, golpeando la mesa con el puño, haciendo que el eco resonara por toda la biblioteca.

El golpe hizo que Kathryn soltara un pequeño grito. Claire dio un paso adelante, pero Delacroix la sostuvo del hombro.

Connor se inclinó hacia ella, bajando el tono de voz.
—Se suponía que el libro era únicamente para ti, Rousseau. Pero lo abriste con las manos equivocadas... y con la compañía equivocada.

Claire lo miró sin comprender.
—¿Qué compañía?

Connor sonrió, satisfecho, y se volvió hacia Kathryn.
—Ella.

Kathryn bajó la cabeza, sin poder sostenerle la mirada a Claire.

—No... —Claire negó con la cabeza—. Ella no tiene nada que ver—

—¡Tiene TODO que ver! —la interrumpió Connor, con la voz alzándose de nuevo—. Ella siempre tiene todo que ver. ¿Acaso no te das cuenta, Claire?

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora