Capítulo 25

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El tiempo que había pasado desde que Claire le confesó sus sentimientos a Kathryn había tejido un delicado equilibrio entre ellas. Las horas en el campus transcurrían con aparente normalidad: clases, tareas y conversaciones formales. Pero bajo esa fachada profesional, algo invisible había cambiado. Había un vínculo entre ambas, uno que crecía en silencio, lejos de las miradas de los demás.

En los pasillos, los saludos seguían siendo corteses, sin rastro de la intensidad que habían compartido en privado. Pero las palabras intercambiadas llevaban un peso distinto, una intención que no existía antes. Claire, por su parte, se había vuelto más irreverente, casi desafiante, usando su sarcasmo como un juego, un método para medir los límites de Kathryn y, quizás, empujarlos un poco más allá.

—No puedes estar hablando en serio. —Claire dejó escapar una risa mientras examinaba un libro olvidado en el escritorio de Kathryn, claramente exasperada por el contenido.

Kathryn levantó la vista desde su silla, cruzando los brazos con la familiar postura de profesora estricta. Pero Claire sabía mejor. Había aprendido a leer esas pequeñas señales: la ligera curva de sus labios, la chispa en su mirada, los gestos que traicionaban su compostura.

—Siempre estás buscando algo para criticar. —Kathryn dejó escapar un suspiro, su tono bordeando lo divertido.

—Es un don natural. —Claire sonrió con descaro y se recargó contra el escritorio, cruzando los brazos con aire triunfal—. ¿Acaso nunca te cansas de intentar darme lecciones?

Kathryn arqueó una ceja, pero no respondió de inmediato. En cambio, dejó que el silencio hablara por ella, el tipo de respuesta que Claire había aprendido a interpretar como un desafío.

—Es lo que hago, Claire. Mi trabajo es enseñarte, aunque claramente no estés interesada en aprender.

—Quizás lo que realmente necesito es que alguien sea menos aburrido al enseñarme. —Claire sonrió con una mueca de satisfacción, disfrutando de la manera en que Kathryn intentaba, y fallaba, mantener la seriedad.

—Eres insoportable. —La respuesta de Kathryn fue directa, pero su tono tenía un calor que antes no estaba allí.

—Eso es porque me gustas. —El comentario de Claire salió con tanta naturalidad que por un momento Kathryn se quedó completamente inmóvil.

La tensión se apoderó del aire durante unos segundos. Claire sostuvo la mirada de Kathryn, sabiendo perfectamente lo que acababa de hacer. Pero, como siempre, no pudo resistirse. Lo que más le gustaba de estas interacciones era ver las grietas en la armadura de Kathryn, esas pequeñas señales de vulnerabilidad que, de algún modo, sentía que estaban ahí solo para ella.

Y Kathryn, como era de esperarse, no respondió. No necesitaba hacerlo. Pero Claire supo que, en ese momento, le había arrancado una sonrisa, aunque esta nunca llegara a sus labios.

***

El tiempo entre ellas siguió llenándose de momentos como ese. Conversaciones ligeras y cargadas de humor, que luego eran reemplazadas por largos silencios, miradas furtivas que decían más de lo que cualquiera de ellas se atrevía a expresar. Era un tira y afloja constante, un juego que parecía no tener final, pero que ambas disfrutaban más de lo que estarían dispuestas a admitir.

Un día, se encontraron en la cafetería del campus, un encuentro que no tenía ninguna excusa oficial. Claire había terminado temprano sus clases, y Kathryn había decidido quedarse un poco más después de la suya. La casualidad, o tal vez algo más, las había llevado a compartir una mesa, cada una con una taza de café a medio beber.

—¿Sabes? —comenzó Claire, jugueteando con el borde de su taza antes de levantar la mirada—. Si te molestara menos mi sarcasmo, podríamos tener conversaciones reales. Ya sabes, esas que no parecen sacadas de un libro de autoayuda.

Kathryn levantó una ceja, sosteniéndole la mirada, aunque no pudo evitar que sus labios se curvaran ligeramente en una sonrisa.

—Si esperas que me disculpe por no ser lo suficientemente divertida para ti, no cuentes con ello. —Su tono era serio, pero el brillo en sus ojos la delataba.

Claire se recargó en la silla, dejando escapar una risa suave. —No lo espero. Lo que me pregunto es cómo logras mantener esa fachada de perfección todo el tiempo. Tiene que ser agotador.

Kathryn suspiró, esta vez con un gesto más relajado. —A veces lo es, pero alguien tiene que mantener las cosas bajo control. Especialmente contigo alrededor.

Claire se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. —¿Sabes que no siempre tienes que tener todo bajo control? A veces, un poco de caos es bueno.

Kathryn apartó la vista un momento, como si estuviera reflexionando sobre sus palabras. Luego, la miró directamente, con una expresión más suave, más cercana de lo que Claire había visto hasta entonces.

—Te voy a hacer una pregunta. —Kathryn habló con un tono bajo, casi íntimo—. ¿Qué es lo que realmente buscas, Claire?

La pregunta la tomó por sorpresa. Claire parpadeó, sintiendo cómo el aire a su alrededor cambiaba. La broma había desaparecido, reemplazada por algo más profundo, más honesto.

—¿Qué busco? —repitió, ganando tiempo mientras sus pensamientos se acomodaban. Finalmente, exhaló, decidiendo responder con la misma sinceridad que le habían pedido—. Creo que lo que quiero es que las cosas sean más simples. Y... tal vez quiero saber qué hay detrás de esa máscara tuya de "Puedo controlarlo todo sola".

Kathryn la observó en silencio, sin apartar la mirada. Durante un instante, Claire sintió que había dicho demasiado, que había cruzado un límite. Pero entonces, Kathryn sonrió, una sonrisa pequeña pero auténtica, y Claire supo que había hecho lo correcto.

—A veces ni siquiera yo lo sé. —Kathryn admitió finalmente.

Y con esa confesión, el silencio que se instaló entre ellas ya no era incómodo. Era un espacio compartido, lleno de posibilidades. Porque aunque no sabían qué les esperaba, una cosa era clara: ya no estaban dispuestas a mantener la distancia.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora