La biblioteca estaba tranquila, con solo el murmullo de las páginas al pasar y algún que otro estudiante susurrando. Sin embargo, en un rincón apartado, Claire y Lena parecían estar en su propio mundo. Risas suaves llenaban el espacio mientras ambas se lanzaban bolitas de papel, intentando que aterrizaran en los libros del otro.
—Eres terrible en esto. —se burló Claire, esquivando una bolita que Lena había lanzado y que pasó de largo, cayendo al suelo.
—¡Oh, cállate! Al menos yo no tiré una directamente al rostro del bibliotecario la última vez. —respondió Lena con una sonrisa, sacudiendo la cabeza.
Las dos estallaron en risas, completamente ajenas a la figura que se acercaba lentamente hacia ellas. Kathryn, con una expresión neutral pero los ojos brillando de curiosidad, se detuvo frente a la mesa.
—¿Puedo unirme? —preguntó Kathryn con calma, aunque su mirada se enfocó rápidamente en Claire.
Lena levantó la vista, sorprendida por la repentina aparición de la profesora, pero luego esbozó una pequeña sonrisa. Ahora que entendía mejor la dinámica entre ambas, la presencia de Kathryn no le resultaba incómoda.
—Claro, profesora Mills. —dijo Lena con un tono amable.
Kathryn no perdió el tiempo y se sentó junto a Claire, ocupando el lugar vacío a su lado. Aunque intentaba integrarse, no pasó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que Claire y Lena seguían inmersas en su dinámica, bromeando y lanzándose bolitas de papel como si nada más importara.
Al principio, Kathryn intentó participar, comentando con sarcasmo los tiros fallidos de Claire o haciendo observaciones ingeniosas. Pero poco a poco, se dio cuenta de que estaba siendo relegada al papel de espectadora. Su presencia no parecía cambiar la dinámica entre ellas.
Mordiéndose el interior de la mejilla para no decir algo mordaz, Kathryn miró a Claire, quien seguía riendo despreocupadamente con Lena. Una punzada de celos se apoderó de ella, aunque intentó ocultarla. Pero Kathryn no era del tipo que aceptaba ser ignorada, al menos no por mucho tiempo.
Con un movimiento deliberado, deslizó su mano debajo de la mesa y la apoyó suavemente sobre el muslo de Claire. El contacto fue inesperado, pero no invasivo, como si solo estuviera reclamando un pequeño espacio para sí misma en medio de aquella conversación que no parecía incluirla.
Claire se tensó por un instante, sorprendida, pero rápidamente relajó su expresión. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios mientras miraba de reojo a Kathryn, quien mantenía una expresión completamente neutral, fingiendo que nada había sucedido.
—¿Está bien, Profesora? —preguntó Claire, su tono inocente, aunque sus ojos brillaban con diversión.
—Perfectamente. ¿Por qué lo preguntas? —respondió Kathryn, sin retirar la mano, como si el gesto fuera la cosa más natural del mundo.
Claire mordió su labio para contener una risa. Lena, por su parte, miraba la interacción de reojo, notando la ligera tensión entre ambas, pero optó por no decir nada. Ya sabía lo suficiente como para entender que aquello era parte de la dinámica que compartían.
Mientras las bromas entre Claire y Lena disminuían, Kathryn presionó ligeramente su mano, como un recordatorio silencioso de su presencia. Claire, aún divertida, finalmente giró su atención hacia ella, inclinándose un poco más cerca.
—¿Necesitaba algo, profesora? —preguntó Claire en un tono bajo, solo para que Kathryn la escuchara.
—No, solo asegurarme de que no te olvidaras de mí. —La respuesta de Kathryn fue un susurro cargado de ironía, pero sus ojos traicionaban una ligera vulnerabilidad.
Claire soltó una pequeña risa y, sin decir nada, deslizó su mano sobre la de Kathryn, entrelazando sus dedos por un breve instante antes de apartarla.
—Nunca podría olvidarme de usted. —murmuró, con una sonrisa que parecía ser tanto un desafío como una promesa.
Kathryn, satisfecha por el cambio en la atención de Claire, se recostó ligeramente en su silla, permitiendo que la conversación continuara. Pero esta vez, Claire se aseguraba de incluirla, lanzándole comentarios que solo ellas podían entender. Y aunque la competencia con Lena seguía, el ambiente se sentía mucho más equilibrado, al menos para Kathryn.
ESTÁS LEYENDO
GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
