El ambiente en la oficina de dirección era cálido y animado, a pesar de la tensión que a veces solía llenar el aire. Claire, Lena y Rachel estaban sentadas alrededor de una mesa, charlando despreocupadamente. Rachel, como siempre, parecía la hermana mayor que Claire nunca había tenido, y Lena, en su estilo relajado y amable, había entrado rápidamente en el círculo de confianza de la preceptora. Las tres hablaban de todo y nada al mismo tiempo, riendo a menudo por algún comentario absurdo o historia divertida.
—¿Te acuerdas de la vez que intentaste cantar en la fiesta de bienvenida y sonaste como un gato atrapado en una aspiradora? —Rachel se burló suavemente, haciendo que Claire la mirara con una expresión de sorpresa falsa.
—¡Eso no fue así! —protestó Claire, aunque no pudo evitar soltar una risa. —Es que el micrófono estaba mal, claramente.
Lena se echó hacia atrás en su silla, observando la interacción entre las dos con una sonrisa. Había algo entrañable en ver cómo Claire se soltaba, rodeada de personas que la entendían.
Rachel sonrió, sabiendo que Claire era imposible de hacer enojar por mucho tiempo, y que las bromas entre ellas nunca terminarían. Mientras tanto, Lena disfrutaba el momento, sintiendo que había ganado un espacio más en la vida de Claire, algo que realmente apreciaba. No era común ver a Claire tan relajada, pero cuando lo hacía, el mundo parecía mucho más simple.
Sin embargo, ese momento de calma y cercanía se interrumpió abruptamente cuando la puerta se abrió de golpe. Kathryn entró en la oficina, tan seria como siempre, con una carpeta en las manos, buscando informes para la clase. Al verla, las tres mujeres dejaron de hablar de inmediato, y Kathryn las observó con una intensidad que hizo que el ambiente se volviera más denso. Claire levantó la mirada, apenas mostrando algún tipo de emoción, mientras Lena la miraba con complicidad. No había necesidad de decir nada; ambas sabían que la aparición de Kathryn era una especie de interrupción que nadie quería.
Al ver la escena, la mandíbula de Kathryn se tensó, y una leve onda de frustración recorrió su rostro. Era evidente que su presencia no era bienvenida, pero no podía hacer nada al respecto. Estaba atrapada en su propio mundo de sentimientos no resueltos. La situación, aún si no era verbalizada, estaba cargada de una energía incómoda.
Claire compartió un pequeño intercambio de miradas
con Lena, una mirada cómplice, como si ambas estuvieran pensando lo mismo.
Rachel se percató de la situación y, sin poder evitarlo, sonrió ante la evidente incomodidad de Kathryn. Claire y Lena se miraron y, sin previo aviso, ambas rodaron los ojos al mismo tiempo, recordando el chiste tonto sobre Kathryn y el pingüino molesto. La risa contenida se escapó de sus bocas, primero en un susurro, y luego en un estallido de carcajadas.
—¿Sabías que si le quitas los puntos de la cara, tiene la misma expresión que un pingüino molesto? —preguntó Lena, con tono juguetón, alzando una ceja, mientras su sonrisa se expandía.
Rachel intentó no reír, pero las risas de las dos chicas eran inevitables. Dejó caer una mano sobre sus bocas, intentando tapar sus risas con una sonrisa disimulada.
—Chicas... —dijo Rachel entre risas, sin poder evitarlo, mientras intentaba mantener la compostura—. No me hagan reír. No es el momento.
Kathryn, por su parte, estaba cada vez más furiosa. Podía sentir cómo su ira crecía a cada segundo que pasaba en esa habitación, viendo a Claire tan relajada, rodeada de sus amigas, riendo sin preocupaciones. Era como si todo lo que había intentado construir con ella se desmoronara poco a poco, y ni siquiera podía hacer nada al respecto. Pero no podía estallar ahí, no frente a ellas. Sabía que no tenía derecho.
Finalmente, Kathryn no pudo más. Después de un momento de silencio cargado de tensión, dio un paso atrás, su rostro tenso, y antes de que alguien pudiera reaccionar, salió de la oficina dando un fuerte golpe con la puerta. El sonido resonó en el pasillo, y Claire y Lena se miraron, conteniendo una nueva carcajada ante el estallido de frustración de Kathryn.
Rachel, que no había entendido del todo lo que estaba pasando, miró sorprendida la puerta por donde Kathryn había desaparecido, aún con el eco de su furia en el aire.
—¿Qué fue eso? —preguntó, con los ojos abiertos, mirando a Claire y Lena, que ya no podían contener la risa.
Claire y Lena intercambiaron una mirada divertida, sin poder evitarlo. Claire, aún riendo, encogió los hombros.
—Nada importante, Rach. Solo un pequeño recordatorio de que la profesora Mills no es fan de los chistes de pingüinos. —La sonrisa de Claire se hizo aún más amplia mientras Lena soltaba una risita suave, sabiendo exactamente lo que había sucedido.
—¿Te das cuenta de lo increíblemente irritada que está? —dijo Lena, con una sonrisa burlona, mientras se recostaba en la silla, aún divertida por el comportamiento de Kathryn.
Claire asintió con una sonrisa satisfecha, sabiendo que Kathryn no podía ocultar su incomodidad. Era evidente que las mujeres que la rodeaban estaban empezando a ocupar un lugar importante en su vida, y Kathryn, aunque tratara de mantener su compostura, no podía ignorarlo.
—Me gusta pensar que hemos logrado hacerle la vida un poquito más difícil. —bromeó Claire, mientras se acomodaba mejor en la silla, sin dejar de reír.
ESTÁS LEYENDO
GUILTY AS SIN?
Lãng mạnClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
