La clase de literatura estaba a punto de comenzar. Claire y Lena llegaron temprano, encontrando un rincón tranquilo al fondo del aula. La luz del sol que entraba por las ventanas proyectaba un brillo cálido sobre los escritorios de madera. Claire se sentó y sacó un cuaderno, mientras Lena, como siempre, tomaba su lugar a su lado.
Claire comenzó a dibujar pequeñas estrellas en el margen de su hoja, su pluma moviéndose con calma. No estaba particularmente concentrada, solo dejaba que su mente divagara, sus pensamientos fluyendo hacia la comodidad que sentía con Lena cerca.
Lena, por su parte, apoyó la cabeza en el hombro de Claire, observando cómo los trazos de tinta negra formaban constelaciones improvisadas. Su cabello rozaba el cuello de Claire, y el calor de su cercanía era tan natural como el aire que respiraban.
—¿Son estrellas o estrellas fugaces? —preguntó Lena en un susurro, la voz tan suave que Claire sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Claire sonrió, divertida, sin apartar la vista del papel. —Estrellas normales. Las fugaces requieren demasiada concentración. —respondió con tono ligero, aunque el brillo en sus ojos delataba la felicidad que sentía en ese momento.
Lena soltó una risa baja, moviéndose ligeramente para mirarla mejor. Claire sintió el peso de esa mirada, cálida y curiosa. Alzó la vista del cuaderno, encontrando los ojos de Lena justo frente a los suyos. Estaban tan cerca que podía distinguir cada tonalidad en el verde de sus iris, el suave parpadeo de las pestañas que parecían acortar aún más la distancia entre ellas.
El silencio que siguió no era incómodo. Era uno cargado de algo más, algo que ambas entendían sin necesidad de palabras. Claire sintió que su respiración se detenía por un momento, su corazón latiendo con fuerza mientras Lena se inclinaba lentamente hacia ella.
Y luego, sucedió.
Un beso. Tranquilo, breve, apenas un roce, pero lleno de significado. Los labios de Lena eran cálidos y suaves, un contraste con el frío papel entre las manos de Claire. No había prisa, ni necesidad de nada más. Era perfecto en su simplicidad.
Cuando se separaron, ambas quedaron en silencio, los rostros aún cerca, con los ojos entreabiertos y las mejillas enrojecidas. Claire notó el leve temblor en sus manos mientras Lena le sonreía tímidamente, como si estuviera esperando algún tipo de reacción.
Pero antes de que Claire pudiera decir algo, una voz helada rompió la burbuja que habían creado.
—¿Interrumpo algo? —preguntó Kathryn desde la puerta, con un tono que podría haber congelado el sol que entraba por las ventanas.
El cuerpo de Claire se tensó de inmediato, y Lena se apartó, aunque no del todo, manteniéndose cerca de Claire como si quisiera protegerla. Kathryn caminó lentamente hacia su escritorio, sus ojos oscuros clavados en las dos chicas. Su mandíbula estaba apretada, y su rostro no mostraba más que una ira contenida que parecía estar a punto de estallar.
—Es bueno ver que algunas estudiantes tienen tiempo para... distraerse antes de mi clase. —continuó Kathryn, con una sonrisa sarcástica que no alcanzaba sus ojos. Su mirada iba y venía entre Claire y Lena, como si analizara cada detalle de lo que acababa de presenciar.
Claire apretó los labios, sintiendo cómo una mezcla rabia comenzaba a formarse en su interior. Podía soportar muchas cosas, pero no esa actitud de Kathryn, no después de todo lo que había hecho.
—¿Algo más que decirnos, profesora? —preguntó Claire, su voz tan fría como la de Kathryn, aunque su corazón estaba acelerado. No iba a permitir que la humillara, ni a ella ni a Lena. —¿O al fin piensa dejar de meterse en cosas que no le competen?
Kathryn frunció el ceño, claramente sorprendida por el tono de Claire. Lena, por su parte, colocó una mano en el brazo de Claire, un gesto silencioso para calmarla, pero no apartó la mirada desafiante que ahora dirigía a Kathryn.
—No, nada más. —Kathryn habló lentamente, como si eligiera cada palabra con cuidado. —Solo asegúrense de prestar atención cuando comience la clase. No quisiera que ciertas personas pierdan el rumbo por distracciones... innecesarias.
Y con eso, se giró hacia la pizarra, dando por terminada la conversación.
Lena miró a Claire, buscando algún indicio de cómo se sentía. Claire, sin embargo, no mostró nada más que una calma estudiada, aunque su mano temblaba ligeramente mientras guardaba su cuaderno.
—No dejes que te afecte. —susurró Lena, dándole un pequeño apretón en el brazo.
Claire soltó una risa seca. —No lo hará.
Pero mientras la clase comenzaba y Kathryn empezaba a hablar, Claire no pudo evitar sentir el peso de su mirada sobre ella, una mezcla de emociones imposibles de descifrar.
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GUILTY AS SIN?
Roman d'amourClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
