Capítulo 79

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Ya era poco menos del mediodía.
El sol apenas se filtraba por las cortinas cerradas, dejando líneas doradas que cruzaban la sala en penumbras.

Kathryn se había llevado a Claire a su casa. Ni en el más improbable de los escenarios, Claire habría imaginado conocer aquel lugar así: con el cuerpo pesado, las manos aún manchadas de sangre seca, y el alma quebrada en dos.

La casa era amplia, silenciosa, con ese tipo de silencio que no consuela, sino que ahoga.
La sombra de Connor se había desvanecido, pero su eco aún flotaba en el aire como un mal recuerdo que se negaba a morir.
Todo parecía suspendido: el tiempo, las palabras, las lágrimas.

Claire estaba sentada en el sofá, inmóvil, con los ojos vacíos. Frente a ella, una taza de café intacta se enfriaba lentamente sobre la mesa. No había tocado ni un sorbo.

Kathryn permanecía a su lado, observándola con el corazón encogido. Había tratado de hablarle, de tocarle el hombro, de arrancarla de ese trance en el que se encontraba, pero Claire no respondía. No pestañeaba siquiera. Era como si su mente hubiera apagado el mundo para no sentir.

Aun así, Kathryn no se movía.
Simplemente se quedaba cerca.
Porque, a pesar del peso del silencio, sabía que su presencia era lo único que aún podía ofrecerle.

Ambas cargaban demasiado.
Entre las dos flotaban los recuerdos de las mentiras, de la historia que Kathryn nunca le contó, de aquella antigua alumna que también había muerto. Pero ninguna quería pensar en eso.
No ahora.
No con el cuerpo de Lena aún fresco en su memoria, tendido sobre el suelo de la biblioteca, con la sangre tiñendo las baldosas.

La policía se había llevado a Connor y a Delacroix.
Rachel se había quedado encargándose de todo. Fue ella quien insistió en que Kathryn y Claire se marcharan cuando la ambulancia llegó.
Desde entonces, Claire no había dicho ni una palabra. Solo obedecía, moviéndose con la docilidad de alguien que había dejado de resistir.

El reloj marcaba las 11:47 cuando el teléfono de Kathryn rompió el silencio.

El sonido abrupto hizo que ambas parpadearan por primera vez en horas.
Kathryn lo tomó del mueble y se alejó unos pasos antes de contestar.

—¿Sí? —dijo, su voz baja, contenida.
Escuchó en silencio.
Y entonces, de pronto, sus ojos se abrieron de par en par.

—¿Qué? —susurró.
Otra pausa.
Un nudo de incredulidad se le formó en la garganta.
—¿Está segura? ... Sí, de acuerdo. Gracias.

Colgó el teléfono y giró de inmediato hacia Claire.

—Claire... —dijo con voz temblorosa.
No obtuvo respuesta.
Se acercó un paso, luego otro, y se arrodilló frente a ella.

—Claire —repitió, con una mezcla de urgencia y esperanza—. Lena está viva.

La reacción fue instantánea.
Los ojos de Claire se abrieron de golpe, como si la hubieran sacado de un sueño profundo.
Su cuerpo se estremeció.

—¿Qué dijiste? —murmuró, casi sin aire.

— Lena está viva —repitió Kathryn, con más firmeza—. Rachel me acaba de llamar. No sé mucho más, solo... solo eso. Me dijo el hospital en el que está.

Claire se levantó tan bruscamente que la taza de café cayó al suelo y se hizo trizas.

—¿Dónde? ¿Dónde está? ¿Cómo? ¿Está bien? —preguntaba sin respirar, con los ojos llenos de lágrimas.

Kathryn la tomó de los brazos, suavemente, intentando calmarla.
— Oye, Cálmate. No lo sé, no sé nada más. Podemos ir a verla, pero necesitas relajarte primero.

GUILTY AS SIN?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora