El sol brillaba sobre el césped del campus, donde Claire y Lena estaban recostadas, disfrutando de un tranquilo picnic. Habían estado riendo y compartiendo historias hasta que, en un momento de ternura, Lena se inclinó y dejó un pequeño beso en los labios de Claire. Ambas se miraron, sonriendo con calidez. Sin embargo, la tranquilidad se vio interrumpida por una figura conocida. Kathryn apareció, acercándose con pasos titubeantes.
Claire y Lena levantaron la mirada al mismo tiempo, y la incomodidad en el ambiente fue palpable. Kathryn había presenciado el beso, aunque trataba de no mostrarlo. Tragó saliva, con su expresión más controlada de lo habitual, y se detuvo frente a ellas.
—¿Puedo... acompañarlas? —preguntó, su voz más suave de lo que cualquiera esperaría.
Claire y Lena intercambiaron miradas, conscientes de lo que acababa de suceder. Sin embargo, no querían hacerla sentir rechazada. Claire sonrió levemente y asintió.
—Claro, siéntate. —dijo mientras se hacían a un lado para dejarle espacio en la manta.
Kathryn se sentó con cuidado, sintiéndose extraña en un ambiente tan relajado. Lena, siempre amable, le ofreció un poco de comida.
—Gracias. —murmuró Kathryn, aceptando algo de fruta.
Después de un rato de charla casual, la conversación se tornó más seria. Claire, que había estado observando a Kathryn en silencio, decidió hablar.
—Kathryn, ¿Connor te ha vuelto a molestar?
Kathryn negó con la cabeza lentamente, dejando el tenedor sobre un plato vacío. —No... al menos no directamente. Sé que sigue ahí, vigilándome de alguna manera. Pero no he vuelto a mi casa desde esa noche, así que no le he dado la oportunidad de encontrarme.
—¿Dónde estás durmiendo entonces? —preguntó Lena, frunciendo el ceño.
Kathryn se encogió de hombros, evitando las miradas de ambas. —En mi oficina. No es lo ideal, pero es lo único que puedo hacer ahora.
Claire parpadeó, incrédula. —¿Tu oficina? Kathryn, eso no es sano. No puedes dormir en tu oficina toda la vida.
—No tengo otra opción, Claire. —replicó Kathryn, cansada. —Las cosas que tengo guardadas allí es lo único que tengo ahora. No puedo volver a casa.
Un silencio incómodo se instaló entre ellas. Lena miró su reloj y suspiró.
—Tengo que ir a clase. —dijo mientras se levantaba.
Claire asintió y le dedicó una sonrisa cálida. Lena se inclinó para darle un beso en la frente, un gesto que hizo que Kathryn desviara la mirada, concentrándose en el plato vacío frente a ella.
—Nos vemos luego, Claire. Adiós Kathryn. —dijo Lena, saludando a Kathryn con la mano antes de marcharse.
Kathryn esperó a que Lena desapareciera de su vista antes de hablar. —Deja de mirarme así, Claire.
Estoy bien.
Claire negó con la cabeza, observándola con seriedad. —Kathryn, no estás bien. No puedes quedarte en tu oficina como si eso fuera un hogar.
—¿Y qué otra cosa puedo hacer? —preguntó Kathryn con frustración. —No tengo a nadie, Claire. No tengo familia. No tengo amigos. No tengo nada.
Claire tomó un respiro profundo y dejó su plato a un lado. Luego se inclinó hacia Kathryn, mirándola con firmeza. —Mi casa siempre estará disponible para ti. Te lo dije antes, y lo digo en serio. Si necesitas un lugar para quedarte, puedes venir cuando quieras.
Kathryn la miró, sorprendida por la insistencia en sus palabras. No sabía qué responder. Parte de ella quería aceptar, mientras que otra parte le decía que sería un error.
—Claire, no es necesario que hagas eso. Sé que soy una carga...
—No lo eres. —interrumpió Claire con calma. — Eres alguien que me importa. Y me tienes a mi. Tienes a Lena incluso. Así que no digas que no tienes a nadie.
Kathryn bajó la mirada, jugando con el borde de su camiseta. La idea de quedarse con Claire era tentadora, pero también aterradora. Después de unos segundos, asintió ligeramente, aunque todavía dudosa.
—Gracias... —susurró, con la voz entrecortada.
Claire le dio una sonrisa reconfortante. —Cuando estés lista, Kathryn. Esto no es una obligación.
Ambas se quedaron en silencio después de eso, pero el ambiente no era incómodo. Había algo en la sinceridad de Claire que hizo que Kathryn se sintiera, por primera vez en mucho tiempo, un poco menos perdida.
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GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
