Claire y Kathryn estaban sentadas en la mesa, disfrutando de una cena simple. La tensión entre ellas seguía siendo palpable, y mientras comían en silencio, Claire no podía evitar notar cómo Kathryn no dejaba de mirarla. Sus ojos no se apartaban de ella, y aunque Kathryn intentaba disimularlo, Claire podía sentir la intensidad de su mirada.
Claire sonrió levemente, tratando de aligerar el ambiente con un comentario que sabía que rompería la tensión.
—¿Sabías que siempre me paso la vida quemando algo en la cocina? Hoy, me siento orgullosa de no haber quemado ni un solo panecillo. —dijo Claire, con una sonrisa divertida.
Kathryn levantó la vista, la sonrisa que había tenido en su rostro se desvaneció rápidamente al ver la mirada de Claire. No podía evitarlo, todo en Claire la atraía. Desde su risa hasta el brillo en sus ojos, cada gesto, cada palabra. Cada facción.
Finalmente, no pudo más. Dejó el tenedor en su plato con un golpe sordo y, sin pensarlo, sus palabras salieron disparadas.
—¿Sabes lo que me pasa, Claire? Cada vez que te miro, siempre que abres la boca y dices alguna idiotez cómo está, siento que se me olvida cómo respirar. No puedo dejar de pensar en lo que me haces sentir, en cómo te mueves, cómo hablas, cómo ríes. Todo de ti me hipnotiza. Y cada maldita vez que simplemente respiras, tengo una necesidad absurda de besarte. Me quema, Claire. Me quemas. Tú. Eres insoportablemente perfecta. —dijo Kathryn, la voz quebrada por la intensidad de lo que estaba diciendo.
Claire se quedó en silencio, sorprendida por la explosión de palabras. No había visto a Kathryn tan vulnerable, tan abierta. Tan directa. La confesión de Kathryn la dejó sin aliento, y por un momento, no supo cómo responder.
Kathryn, al darse cuenta de lo que acababa de decir, sintió que su corazón latía a mil por hora. No sabía si había cometido un error o si era exactamente lo que necesitaba decir. Sus ojos se encontraron con los de Claire, y el aire entre ellas se cargó de electricidad.
—Lo siento... —murmuró Kathryn, alzando una mano como si quisiera detener las palabras que acababan de salir. —No debí decir eso. No sé que me pasó...
Claire no pudo evitar sonreír con una mezcla de sorpresa y ternura. Se inclinó hacia adelante, con la mirada fija en los ojos de Kathryn.
—No te preocupes. —dijo Claire, su voz suave, casi un susurro. —Creo que es adorable.
El silencio volvió a caer sobre ellas. Ya no era incómodo ni pesado. Era un silencio lleno de entendimiento, de emociones a flor de piel, de algo que las dos sabían que estaba a punto de estallar entre ellas.
ESTÁS LEYENDO
GUILTY AS SIN?
RomansaClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
