El silencio era tan espeso que hasta el sonido del reloj parecía una amenaza.
Claire no sentía las piernas. Solo el eco del propio corazón martillándole el pecho, como si el cuerpo intentara recordarle que seguía viva.
Connor, de pie frente a ella, sostenía el arma con una calma que solo alguien verdaderamente enfermo podía tener.
La luz amarillenta de la biblioteca se reflejaba en el cañón de la pistola, que giraba lentamente de un rostro al otro: primero Kathryn, luego Lena, luego Claire.
—Te lo voy a decir una sola vez más, Claire —susurró, con una sonrisa torcida—. Vas a elegir.
Su voz sonaba como metal raspando piedra.
Claire intentó pensar, pero su mente era un torbellino.
El aire olía a papel viejo, sudor y miedo. Podía escuchar la respiración de Kathryn entrecortada, el sonido húmedo de sus sollozos. Lena estaba completamente callada, pero sus ojos... sus ojos eran una súplica muda, llena de dolor, confusión y algo más profundo, algo que Claire no podía soportar mirar sin quebrarse.
Todo se mezclaba en su cabeza: las palabras de Connor, los recuerdos de Kathryn mintiéndole, la voz de Lena, el amor que sentía por ambas, la desesperación.
Kathryn levantó el rostro, los ojos rojos, las lágrimas cayéndole sin pudor por las mejillas.
—Claire... —balbuceó, apenas respirando entre las palabras—, No dejes que te manipule...
Pero Claire la miró con una mezcla de furia y tristeza.
Su mandíbula temblaba. Sentía que iba a romperse en mil pedazos.
—¿Por qué no me lo contaste? —susurró con la voz rota.
Kathryn bajó la mirada, incapaz de sostenerla.
Connor soltó una risa baja, gutural.
—Entonces, Claire. ¿A quién salvas? ¿A la mentirosa... o... — Claire tembló. Su respiración era un desastre. No podía pensar. No podía moverse. Todo en ella quería gritar, correr, destruir algo.
Connor movió el arma lentamente hasta Lena.
—...¿quizás a la chica que moriría por ti sin dudarlo?
El corazón de Claire se encogió.
Todo se mezcló. El amor, el miedo, la furia, la tristeza.
Y, de pronto, todo explotó dentro de ella.
Se giró hacia Connor, con una expresión completamente distinta.
Sus ojos, normalmente de ese gris brillante, ahora parecían metal derretido.
—Mátame —dijo.
La voz le salió baja, firme, llena de una decisión que heló a todos en la sala.
Connor parpadeó, desconcertado.
—¿Qué?
—Dispara. —repitió Claire, más fuerte—. Si tanto quieres ver morir a alguien... mátame a mí.
El silencio fue absoluto.
—¿Qué clase de estupidez estás diciendo? —se burló Connor, aunque su voz tenía una nota de irritación.
—¡Hazlo! —gritó Claire, avanzando un paso—. ¡No voy a elegir entre ellas!
Sus ojos brillaban con lágrimas, pero su postura era desafiante, inquebrantable.
— Si alguien va a morir esta noche... seré yo.
Kathryn rompió en llanto, intentando zafarse de las cuerdas.
—¡Claire, no!
Connor se enfureció. La sonrisa se borró de su rostro, sustituida por un tic nervioso.
—¿Crees que esto es un maldito juego?
Claire lo enfrentó, sin retroceder. — ¿Qué más te da? Quieres muerta a alguna de nosotras. Mátame. Sé que me odias, soy la razón de tus problemas.
Sus palabras eran cuchillas.
—Vamos, disparame y acaba con todo este circo.
Connor la empujó con fuerza, haciéndola chocar contra una mesa. La pistola tembló en su mano, el dedo rozando el gatillo.
— Si no decides tu, lo haré yo.
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GUILTY AS SIN?
RomanceClaire Rousseau, una joven de 21 años, inicia su vida universitaria en Georgia, estudiando Escritura y Literatura, mientras lidia con su amor por los libros, la música y la actuación. Atraída por mujeres mayores desde pequeña, se siente cautivada po...
