Capítulo 45

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El aula estaba cargada de tensión. Kathryn Mills caminaba entre las filas de alumnos con pasos medidos, sosteniendo un libro con la misma autoridad que si fuera un arma. La lección giraba en torno a la filosofía del lenguaje, un tema complejo que Kathryn dominaba con precisión quirúrgica.

Un estudiante levantó la mano, interrumpiéndola con una objeción inesperada.

—Con todo respeto, profesora Mills, no creo que esa interpretación sea del todo correcta. Según lo que he leído... —comenzó, con una sonrisa que delataba su falsa seguridad.

La sala quedó en silencio. Kathryn lo miró, levantando una ceja. La sala pareció enfriarse.

—¿No crees? —repitió, dejando el libro en el escritorio con un golpe sutil pero firme. Se inclinó ligeramente hacia él, clavándole la mirada. —Ilumínanos, entonces. ¿Qué interpretación crees que es correcta?

El estudiante tragó saliva, su confianza desmoronándose bajo la intensidad de sus ojos. Balbuceó algo incoherente, pero Kathryn no estaba dispuesta a dejarlo escapar.

—Si vas a contradecirme, al menos prepárate para respaldarlo. No vengo aquí a debatir con teorías mal fundamentadas. ¿Tienes una cita académica? ¿Un argumento sólido? ¿O solo esperabas impresionar a tus compañeros con tu... brillante improvisación? —Su tono era gélido, su postura intimidante.

Claire, desde su asiento en la última fila, observaba la escena con atención. Podía jurar que Kathryn estaba a punto de prender fuego al aula con su furia contenida. Incluso el aire parecía más denso.

Cuando el timbre finalmente sonó, los estudiantes recogieron sus cosas a toda prisa y salieron en tropel, como si huir de la habitación fuera su única salvación. Claire permaneció sentada, observando a Kathryn mientras organizaba unos papeles con calma, como si nada hubiera ocurrido.

Tras unos segundos, Claire se levantó y se acercó al escritorio, apoyando las manos en el borde.

—Hola otra vez, profesora Mills. —Su tono era ligero, pero el brillo en sus ojos la delataba.

Kathryn levantó la vista, y su expresión cambió al instante. La severidad desapareció, dejando en su lugar una calidez que solo Claire conocía.

—Hola, Claire. —Su voz era suave, casi un susurro.

—¿Siempre tienes que destrozar a alguien tan temprano en la tarde? —bromeó Claire, inclinándose un poco más cerca.

Kathryn suspiró, masajeándose las sienes. —No es mi culpa que sean tan ineptos los adolescentes aquí. ¿Te pareció demasiado?

—Un poco... pero debo admitir que fue impresionante. —Claire sonrió con picardía.

Kathryn negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír. Mientras recogía sus cosas, Claire se mantuvo cerca, observándola con una mezcla de diversión y ternura.

—Sobre anoche... —murmuró Kathryn de repente, su voz temblando ligeramente.

Claire arqueó una ceja, divertida. —¿Qué pasa con anoche?

—Fue... diferente. —Kathryn se detuvo, sonrojándose visiblemente.

Claire apoyó una mano en el escritorio, inclinándose hacia ella con una sonrisa suave. —¿Diferente bueno o diferente malo?

Kathryn la miró, y sus mejillas se tornaron aún más rojas. —Bueno. Muy bueno.

Claire soltó una risa baja, llenando el aula vacía con un sonido cálido y reconfortante.

—Me encanta cuando te sonrojas, ¿sabes? —dijo, acariciándole suavemente la mano.

Kathryn suspiró, rindiéndose. — Te odio.

—Eres adorable. —Claire se inclinó y dejó un beso breve en su mejilla antes de retroceder. —Te veré luego.

Kathryn la observó marcharse, una sonrisa suave dibujándose en sus labios. Con Claire, incluso después del caos, todo parecía calmarse.

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